En una de las zonas más exclusivas de Madrid vivían los Bensiali, por supuesto en una llamativa mansión, cuya estructura se asemejaba a un pequeño castillo moderno, rodeada de extensos jardines. Auritz Bensiali, el padre de Dylan, entraba al recibidor cuando empezaba a oscurecer, con su habitual talante magnificente, en donde lo recibía un mayordomo en su traje de servicio perfectamente arreglado. —Bienvenido, señor Auritz. —Le saludó el hombre, manteniendo una compostura erguida y educada. Auritz le entregó un portafolio con arrogancia, casi soltándolo en el aire para que él lo atrapara igualmente. —¿Está Minerva? —Preguntó escaneando los alrededores. —No, la señora está atendiendo los últimos detalles de la ceremonia. —Perfecto... ¿Cómo sigue Dylan? —Descansa, está en su habit

