En la ruta principal, Sandro y Ellie iban camino a uno de los mejores hoteles que Bradley Soulie había creado junto a sus hijos. Ellie no sabía si sería hoy su primera vez o no, pero siendo cautelosa y precavida llevaba en su maleta unos trajes de baño que sabía que a Sandro lo harían desearla y para la noche, un bello traje de noche de encaje, suficiente para que Sandro se decidiera a hacerla suya, sí o sí. Iba emocionada y a la vez nerviosa que no paraba de hablar sobre lo primero que a su mente llegaba, los colores de los árboles, los edificios, estaciones del año, y Sandro le asuntaba, pues, le parecía agradable que Ellie le gustase conversar con él. —¿Qué quieres hacer? —preguntó Sandro —¿prefieres desayunar primero y después descansamos o qué se te antoja? Ellie miró a Sandro y

