Siento un dolor punzante en mi cabeza que me hace quejar. Lentamente abro mis ojos encontrándome en una habitación con aroma a antiséptico. El dolor en mi cabeza es insoportable. ¿Por qué ya no me resulta extraño esto? Ah, porque ya es normal para mí perder el conocimiento. Me levanto lentamente mientras agarró mi cabeza. La cual está a nada de explotarme. Por mi brazo derecho tengo conectado a mis venas una intravenosa. Grandioso. A este paso, cuando tenga cuarenta las venas no me servirán. Intento enfocar mis sentidos a la situación en la que me encuentro, pero el simple esfuerzo hace que la cabeza me duela. —¡Zoe! — me llaman y eso hace que me duela más la cabeza. Reconozco la voz. Es la señora Astrid. ¿Por qué demonios debo encontrarme con algún Cardwell cuando me despierto

