La señora Astrid corre hacia él. Al estar frente a frente, no tarda mucho tiempo para abofetearlo. - ¿Cómo pudiste? ¿Cómo fuiste capaz de hacer esto a una mujer? ¿Cómo puedes ser tan retorcido y maligno? - dice mientras golpea el pecho de su hijo. El malestar en mi cuerpo aumenta. “Liberación” es lo que grita mi cuerpo. El miedo de ser dependiente a esta droga me asusta. Pero el morir lenta y torturosamente por la desomorfina me genera el doble de miedo. - De nada sirven los golpes. Así que no gastes tu energía en ello - susurra Dylan sin dejar de mirarme. - ¿A qué viniste? - Vine por algo que me pertenece. - susurra con malicia, sin dejar de mirarme. ¿Soy yo o entre nosotros hay un fuego que nos envuelve? - No te atrevas. ¡No permitiré que te la lleves! Así que si quieres

