El enojo me invade. Coloco ambas manos en mi cabeza. El asombro, el enojo y el odio me invaden en partes iguales. ¿Cómo pude ser tan jodidamente estúpida? ¿Cómo pude no darme cuenta cuando fue tan obvio? De un momento a otro, el deseo s****l se vuelve más fuerte. Me siento muy caliente y húmeda. Miro con preocupación mi reloj de pulso y me doy cuenta que han pasado exactamente veinticinco horas desde que me inyecte el opresor. Esta maldita droga es muy puntual en aparecer. Más de lo que me gustaría. Mis piernas pierden fuerza y caigo arrodillada en el sucio suelo. Mi respiración se vuelve irregular mientras comienzo a transpirar. Me quito la mezclilla h la peluca rubia que llevaba. La ropa me resulta incómoda. Me siento incómoda. “Liberación” eso es lo que necesito. B

