En la oscuridad absoluta solamente se podía escuchar el sonido del motor de ese automóvil donde la trasladaban. Amordazada, atada de pies y manos, y sin poder respirar. Unas herramientas lastimaban su espalda, ella podía sentir como el espacio se iba reduciendo lentamente, haciéndose cada vez más pequeño. Amber Wilson trataba de gritar para pedir ayuda, pero sus intentos eran inútiles. En la maletera de ese vehículo nadie podía oírla, a pesar de cualquier ruido que pudiera producir a través de su nariz debido a su boca tapada con cinta adhesiva. De manera repentina el automóvil se detiene. Seguramente habían llegado al sitio indicado para acabar con su vida. Amber solamente podía escuchar la voz de los trillizos descendiendo del carro y cerrando las puertas respectivamente. Ella estaba en

