Escucho el grito de Elliot cuando una espada le abre una brecha en una de las piernas, Gea ruge en mi pecho enfada por lo que le han hecho a nuestro compañero, y sin poderla controlar más la dejo salir deseosa de hacer pedazos a quien se atrevió a hacerle daño a Elliot, un reguero de cabezas van quedando a nuestro paso hasta llegar junto a nuestro mate. Que nos mira con amor al ver que estamos dispuesta a protegerlo a toda costa de todo aquel que se atreva a tocarlo. — Eres una loba muy hermosa y fuerte, pero yo puedo encargarme de mi cuidado debería ser yo quien cuide de ti. — Gea coloca la cabeza bajo la palma de su mano mientras ronronea satisfecha por sus palabras. El brillo afilado de una espada me alerta y lo empujo con la cabeza para alejarlo recibiendo un corte bastante profundo

