Catorce.

4452 Palabras
Al despertar el lunes en la mañana, un horrible malestar asalta mi vientre bajo que me hace retorcer en la cama. Me levanto con cuidado y voy hasta el baño, encontrándome con una gloriosa y perfecta mancha roja en mi braga. Oh, bendito periodo menstrual, ¿por qué no tomas todos tus cólicos y te vas a la mierda? No hay nada peor que comenzar la semana con esta inigualable visita. Maldición. Voy a buscar una muda de ropa a mi habitación para tomar una ducha entre gruñidos en contra de mi periodo. Normalmente cuando me llega la regla, no llega sola sino que la acompañan unos cólicos que me hacen ver estrellas. Sin mencionar que mi humor ni siquiera yo misma lo soporto y soy más sensible que el resto de los otros días. Me baño rápido y me visto de la misma manera, no tengo ánimos de maquillarme así que, disfrazo mi cara de culo bajo un poco de delineador de ojos y rímel también. Jesús..., si fuera por mí no iría a la escuela pero justo me llega la regla cuando tengo examen de física. Doy un vistazo por la ventana para ver cómo está el clima y ruedo los ojos. Usualmente amo los días nublados pero cuando estoy con el periodo, eso todo lo empeora ya que hace que los cólicos sean constantes y más dolorosos de lo que son usualmente. Agarro mi chaqueta, mi mochila y mi teléfono antes de salir de mi habitación. En el pasillo, me encuentro con Logan quien también está saliendo de su cuarto. Cuando me ve, da un paso atrás y dice: —Luces como mierda. —Gracias por recordármelo. Ambos bajamos y entramos a la cocina encontrándonos con mamá. Ella nos saluda y nosotros le devolvemos el saludo antes de comenzar a preparar nuestros respectivos desayunos. Como es habitual cuando ando con la regla, como un montón de azúcar y guardo galletas en mi mochila. Una vez que he terminado, voy hasta el baño y me cepillo los dientes, mentalizándome en que tengo que caminar hasta la escuela. Guardo también un paquete de toallas higiénicas y las llaves dentro de mi mochila y me voy siendo seguida por mi hermano. *** Aprieto mis dientes para no soltar una maldición y mis manos van a parar a mi vientre bajo. Estoy en la primera clase, el profesor de física está explicando algo antes de entregar los exámenes pero yo no puedo poner real atención por culpa de los cólicos. Stanley posa su mano en mi hombro y la miro, ella luce preocupada. —¿Te duele mucho? —asiento en respuesta, mis labios creando un puchero. Ella saca una botella con agua y me entrega una pastilla pequeña y blanca que ha sacado de una de las cajas que guarda en su bolso— Toma, bébela. Hará que el dolor disminuya un poco. Le regalo una media sonrisa en agradecimiento y me trago la pastilla como si mi vida dependiera de ello. Nuestra amistad supera tales niveles que hasta en la regla estamos sincronizadas. No nos llega el mismo día pero sabemos que, si a una le llega en un par de días le llegará a la otra. Stanley siempre lleva consigo un pequeño neceser donde guarda medicamentos esenciales. Antiinflamatorios, píldoras para el dolor de cabeza y su infaltable anestesia para el dolor de muelas. Ella es como una pequeña farmacia. El maestro entrega las hojas y el examen comienza. Intento concentrarme y responder todo lo que puedo pero no es suficiente. La hora se pasa volando y cuando yo dejo mi examen sobre el escritorio del maestro soy consciente de que si tengo suerte y que si los astros están alineados a mi favor, obtendré la nota mínima para salvar la asignatura. Voy a cambiarme de toalla al baño y cuando estoy abrochándome el botón de mi pantalón, un grupo de chicas entra al baño. Yo no le habría tomado atención a su entusiasmada conversación si no hubiera escuchando el nombre de Rome Finnegan. —... entonces Rome se acercó a nosotras y le dijo a Zoe si podían hablar. En privado. —dice una y todas ríen como cotorras. Yo frunzo el ceño. —¿En serio? —pregunta otra— ¿Qué crees que estarán hablando? —No lo sé pero los vi muy cerca. ¿Crees que vayan a salir de nuevo? ¿Qué mierda es lo que estoy escuchando? Mi lengua pica por lanzar un comentario mordaz pero me obligo a mantenerme al margen. —Hmm... no lo sé —una tercera voz responde—, él no sale con chicas de nuestra escuela. Asiento, dándole la razón a esa chica aunque no logre ver quién es. —Eso no fue lo que ocurrió la semana pasada, ¿o te olvidas que Rome se encontró a Zoe en una fiesta y le importó que estudiaran juntos antes de acostarse? Zoe me mandó fotos, ella no miente. Abro la puerta del cubículo con más fuerza de la necesaria y las chicas cotorras me miran asustadas por el arrebato. Me lavo las manos, furiosa y sacudo el agua de ellas sin ningún cuidado, salpicando a la chica que está más cerca de mí. Como si me hubieran puesto un cohete en el trasero, yo salgo del baño y mientras camino de vuelta al salón, busco a Rome con la mirada. Estoy con un genio que te lo encargo, los malditos cólicos siguen y el muy imbécil decide dárselas de galán justo frente a mis narices. Entonces lo veo. Parado a un lado de la ventana frente a nuestro salón, está Rome Finnegan conversando muy sonriente como una chica. No sé qué demonios le está diciendo ella pero tiene que ser lo suficientemente chistoso como para que él se ría a carcajadas. La chica enreda su cabello en el dedo y esa es señal suficiente para mí de coqueteo. Aprieto los puños. Estoy que me muero de celos y lo peor de todo es que no puedo hacer nada al respecto. ¿Para eso él quería que Lola le diera una oportunidad? Ruedo los ojos, bufando. Él se ha metido sus malditas reglas de no salir con chicas de la escuela por el culo justo ahora. Ni siquiera hemos tenido una primera cita oficial y ya me va a poner los cuernos, ¿en serio? Sé que es arriesgado lo que voy a hacer pero, estoy enfadada y celosa y también estoy con la regla así que, disimuladamente le saco una foto y le envío un mensaje a Rome. Lola: Hola, estás ocupado? Vuelvo hasta el salón y cuando paso frente a ellos, veo como el rizado revisa el teléfono pero en vez de responderme, ignora olímpicamente mi texto y sigue parloteando con la chica. —¿Por qué traes esa cara? —me pregunta Stanley apenas me siento en mi lugar otra vez. —Mira hacia el pasillo. —¿Por qué?, ¿qué hay ahí? —Sólo... mira. Ella observa —Sólo se trata de Rome y una... ¡¿Qué está haciendo la mano de Rome en la cintura de esa chica?! Aprieto los dientes y respiro profundo. Tranquila, Abed, no te alteres. No te alteres porque en este preciso momento tú no tienes ningún derecho de estar reclamando nada. Desbloqueo el teléfono decidida a enviarle la foto pero Stanley se me adelanta y me quita el móvil. —¿Qué rayos vas a hacer? —Voy a enviarle la foto a ese imbécil y a decirle que se vaya a la mierda. —No puedes hacer eso, Abed —me reclama. Ella habla con libertad porque nosotras somos las únicas en esta fila de pupitres. Hay un par de chicos más allá pero no toman en cuenta nuestra discusión en susurros—. Se supone que Lola no está aquí, ella no debería enterarse de esto. —Oh, ¿entonces debo dejar que me ponga los cuernos? —En realidad, él no está poniéndote los cuernos a ti. —Pero es lo mismo —escupo—. Fue él quien me rogó una oportunidad, ¿no? No puede ser tan hijo de puta como para estar coqueteando con otra chica aquí. ¿Y sus estúpidas reglas dónde las metió? Completamente temperamental, me coloco de pie y salgo del salón siendo seguida por Stanley. Sé que ella me está siguiendo porque piensa que me lanzaré sobre Rome. No lo haré aunque ganas de hacerlo no me faltan. Sin embargo, no me quedo con las ganas porque choco con él y le lanzo: —¡Ten más cuidado, pedazo de imbécil! ¿Es que tus ojos no te sirven más que para ver un par de tetas? ¡Estúpido! Todos los estudiantes que nos rodean me quedan viendo, asombrados por mi arrebato, pensando posiblemente que yo me he vuelto loca. Rome está boquiabierto, parpadeando sin creer que una chica le ha gritado semejante barbaridad sólo por haber chocado con ella. Stan me toma del brazo y me arrastra lejos de ahí en contra de mi voluntad. Yo lo único que quiero es devolverme y pegarle una patada en el culo a Rome cuando lo he escuchado murmurar en mi contra. Muy hombrecito, ¿no? Murmurando a las espaldas de los demás. Stanley me arrastra hasta el baño. En el camino, el torbellino de ira que sentí se convierte en unas increíbles ganas de llorar así que yo entro al baño con los ojos llenos de lágrimas. —Estoy tan enojada. —reconozco, sintiendo como las primeras lágrimas caen por mi rostro. Me siento estúpida por estar llorando en una situación como esta. Mi amiga se asegura de que no haya nadie a nuestro alrededor y cuando ve que estamos solas, se acerca a mí. —Hey, no llores... Stanley hace el intento de abrazarme para poder consolarme pero yo me alejo varios pasos, estirando mis brazos entre nosotros. —No —le digo con un nudo en la garganta—, no estoy llorando de pena así que no hacen falta los consuelos. Estoy muy enojada y lo único que quiero ahora es golpear a alguien o una barra de chocolate. —¿Lo quieres blanco o n***o? —n***o. Stan corre fuera del baño y regresa cinco minutos después, jadeando y con una barra de chocolate amargo en la mano. Me la tiende y yo la devoro, buscando calmarme. Cuando estoy con el periodo, estoy más sensible de lo que soy normalmente y todo suele ir mejor luego de comer un poco de chocolate. Impulso mi cuerpo para sentarme en los lavados y ahí me quedo, mirando hacia abajo con los ojos irritados por llorar. El llanto exprés ya pasó pero en su lugar quedó una sensación desagradable. —¿Qué fue todo eso de hace un rato? —inquiere mi compañera parándose frente a mí con los brazos cruzados. Me encojo de hombros —No sé. —¿No sabes? Estabas loca como una maldita cabra allá afuera, ¿y no sabes qué fue todo eso? —Estaba celosa —confieso después de una pausa— Me hierve hasta la mierda ver a Rome coqueteando con chicas frente a mis ojos y me enoja aún más no poder hacer nada al respecto. Él es un completo idiota. Me rogó para que le diera una oportunidad pero cuando me doy vuelta, aprovecha de inmediato para coquetear con otras. Ella tuerce el gesto —Uh, de hecho, él le pidió una oportunidad a Lola. —Lo que sea, somos la misma persona, ¿no? —No —me contradice—. Si quieres seguir con esto, debes entender de una buena vez que no puedes crear un alboroto cada vez que veas a Rome con otra chica que no sea Lola porque, "se supone" —ella crea comilla con los dedos para dar énfasis a ambas palabras— que tú no conoces a Lola. No puedes ir por ahí como un toro rabioso porque no puedes controlar los celos, Abed. —Ya, ¿y qué quieres que haga? —Nada. —¿Cómo no voy a hacer nada? ¿Tengo que dejar que él me vea la cara de estúpida? —Es que no te la está viendo a ti, mujer —explica con voz cansada—. Él está saliendo con Lola y es ella la única que puede hacerle escenas de celos. Sin embargo, ella no tiene por qué enterarse de lo que ocurre aquí, en la escuela, porque ella es universitaria. Estudia en Princeton, ¿entiendes? Por supuesto que entiendo. El problema es que yo no quiero ser el hazmerreír de ese chico aunque no sea precisamente yo la que esté saliendo con él. Pero, es tan difícil. —¿Por qué te sorprende tanto de todos modos? —Stan interrumpe el hilo de mis pensamientos. Yo la miro con tristeza porque es así como me siento realmente— Es Rome Finnegan. Él no puede serle fiel a una chica incluso si se muere por ella. —¿Y qué me sugieres entonces? —No entregues tanto. No te involucres tanto. —No te entiendo... —Lo que quiero decir es que cuando salgas con él, tienes que ir mentalizada, grabar muy bien en esta cabeza linda que tanto tú como él son la aventura del otro. Él te gusta y tú le gustas pero esto se va a terminar en algún momento. No te entregues y no dejes que él se entregue para que el daño al final no sea mayor. Abed, escúchame bien: no puedes enamorarte de Rome. Nunca. Jamás en la vida. Nunca, ¿entendiste? Asiento, lentamente. En ese momento, ella me rodea con sus brazos y yo dejo descansar mi cabeza en su hombro, sintiendo las caricias que imparte en mi espalda con suavidad. Pienso en lo que Stan me ha dicho y ahora me siento patética por haber explotado de esa manera en el corredor. Mi intención de haberle enviado la foto también fue patética. El timbre que da inicio a una nueva clase suena. Me bajo del lavabo de un salto y enjuago mi rostro para eliminar todo rastro del llanto. Más calmada, volvemos al salón y ahí me encuentro con la mirada extrañada de Rome. Él me observa como si me hubiera vuelto loca y yo sólo le regalo una pequeña sonrisa (más bien una mueca) en disculpa. Cuando las clases terminan, yo voy directo a casa. Me despojo de mi ropa y la reemplazo por mi pijama. Acostada, reviso el teléfono encontrándome con la respuesta de Rome a mi mensaje enviado en la mañana. Después de ese arrebato, no quise revisar el teléfono porque no tenía una buena excusa para darle. Rome: Siempre estoy libre para ti ;) qué pasa? Sonrío sin ánimos. Me pregunto qué estará haciendo él ahora. Lola: Día ocupado en clases, lo siento. Él aparece en línea y lee mi mensaje. Responde de inmediato. Rome: No te preocupes, entiendo perfectamente. Cómo estás? Lola: Un poco cansada, pero bien. ¿Qué hay de ti? Rome: Cabreado. Mi madre ha querido que la acompañe a hacer un par de compras y yo odio salir de compras con ella. Lola: ¿Por qué? Lol Rome: Por esto: Él me envía una foto. Está sentado en el área de zapatos de una multitienda, junto a sus piernas un montón de bolsas. Suelto una risa, imaginándome su rostro justo ahora. Rome: Que hay de ti? Que estás haciendo? Lola: Nada, sólo estoy acostada. Estoy un poco enferma :-( Rome: Que tienes? Quieres que pase a comprarte algún remedio? El gesto es bastante adorable. Sonrío, sintiendo mi corazón latir con fuerza. Lola: No hace falta. Muchas gracias de todas maneras. Rome: Esta bien. Espera un poco, mamá quiere que vaya a dejar las bolsas al coche. Esta será una tarde muuuuuuy larga. Me lo imagino rodando los ojos, soltando un bufido con esos bonitos labios color cereza. Lola: No te preocupes, me iré a dormir un rato así que... ¿hablamos más tarde? Rome: Claro. Descansa y cuídate *** Cuando despierto, me siento completamente desorientada. Mi habitación está sumida en oscuridad y yo me doy cuenta que dormí más de lo que tendría que haber dormido. Enciendo la luz de la lámpara y me levanto con cuidado, sintiendo como si un río corriera entre mis piernas. Maldita regla. Voy hasta el baño para orinar y cambiarme de toallita, cuando regreso a la habitación, me encuentro con una sonriente mancha roja en medio de mis sabanas. —Por un demonio, lo que me faltaba. —gruño, sacando el edredón de un tirón. Los próximos diez minutos me los paso haciendo la cama. Echo a lavar las sábanas y bajo hasta la cocina encontrándome con Julie. —Hola, mamá. —la saludo, dejando un beso en su frente. —Hola, cariño, ¿Cómo te sientes? —Un poco mejor. ¿Qué tal el trabajo? —Relajado, ¿quieres que te sirva algo de comer? —No te preocupes. No tengo mucha hambre así que comeré un poco de cereal. ¿Dónde está el idiota? —mamá me lanza una mirada de reproche. No le gusta que llame a mi hermano de esa manera— Quiero decir, mi hermano, Logan. —Está en su habitación, ¿por qué? Me encojo de hombros —Simple curiosidad. Mantenemos una corta conversación después de eso. Mamá se disculpa conmigo porque está cansada. Me pide que no me vaya a dormir tan tarde y yo solo asiento, conocedora de que por culpa de mi pequeña gran siesta estaré despierta hasta altas horas de la madrugada. Voy a buscar mi teléfono y reviso f*******: mientras me como mi cereal. Mi lindo hermano hace acto de presencia quince minutos más tarde. Su cabello n***o está todo desordenado, sus ojos hinchados y rasca su torso de una manera poco agradable para el ojo femenino. —Estás aquí. —dice, acercándose al refrigerador. Yo lo ignoro, sin ganas de escuchar las estupideces que tiene para decir. Él bebe jugo de la misma caja sin quitarme la mirada de encima. Yo siento su mirada así que lo miro, alzando una ceja. —¿Qué quieres? Él se aparta la caja de la boca para decir: —¿Yo? —Sí. Hay algo que quieres decirme, ¿no? Logan se muerde el labio, como si estuviera pensando si puede decirme lo que está rondando en su cabeza o no. Yo lo miro con expresión aburrida, impaciente porque hable o se largue ya de una vez. Finalmente, él se acerca y se sienta en el taburete frente a mí. Saca el teléfono del bolsillo de su short y lo desbloquea. —Hay algo que quiero mostrarte... —informa, buscando algo en su móvil—. Te mostraré una foto y me dirás si conoces a la chica, ¿vale? —¿Por qué? —Tú sólo haz lo que te digo. Ruedo los ojos y asiento. Él me entrega su teléfono y me pregunta si conozco a esa chica una vez más. Bajo la mirada y de la impresión yo me atraganto con los cereales, escupiendo una bola de chocolate contra el rostro de mi hermano. —Mierda, Abed, eres asquerosa. —se queja, limpiándose el rostro con una servilleta para quitar los restos de mi saliva de su cara. Sin embargo, yo no le tomo importancia a eso porque él me ha enseñado una foto de la fiesta del fin de semana donde Rome aparece. Conmigo. O con Lola. La foto es del momento en que él está pidiéndome que nos veamos al siguiente día, sus manos juntas entre nosotros. Sólo se ve mi perfil pero, mirándome desde una fotografía es como si yo estuviera viendo a una persona totalmente diferente. No obstante, el hecho de que Logan me esté preguntando si conozco a esa chica me pone los pelos de punta. Todos. —¿Ese es Rome? —intento esconder el nerviosismo bajo una pregunta completamente absurda— ¿Tiene un moco en la nariz? —Concéntrate, Abed. —Logan me regaña— Eso no fue lo que te pregunté. ¿Conoces a esa chica sí o no? —¿Debería conocerla? —él se encoje de hombros— No la conozco, ¿por qué? —Te voy a contar sólo porque estoy preocupado. Mi estómago se aprieta y tengo la sensación de querer vomitar el cereal que he comido aquí mismo. ¿Qué me quiere contar él? Por un momento pienso que él se ha enterado de todo pero descarto esa idea de inmediato porque si fuera así jamás me habría preguntado si yo la conocía. ¿Rome ha estado hablando sobre Lola? He escuchado conversaciones de los chicos en la escuela y ellos se expresan de forma horrible de las chicas con las que follan. Les cuentan a sus amigos dónde lo hicieron, cómo lo hicieron y cuántas veces lo hicieron. Los detalles andan a la orden del día y el mero pensamiento de que Rome ha hablado sobre eso me horroriza. —Todos en el equipo creemos que Rome está saliendo con esta chica —comienza Logan, tomando de regreso su teléfono—, pero él nunca ha dado un sí como respuesta a nuestras suposiciones. El problema no es que él esté saliendo con alguien. El problema es que su rendimiento en los partidos ha bajado al punto que el entrenador lo amenazó con quedarse en la banca el resto de la temporada. Rome no quiere admitir que esa chica tiene la culpa de que su rendimiento haya bajado aun cuando está en peligro su beca para la universidad. Un sabor amargo se instala en mi garganta. ¿Logan está queriendo decir que todos en el equipo culpan a Lola por el bajo rendimiento que está teniendo Rome en los juegos? —Steve no quiere decirnos nada —prosigue. Sus hombros caen y esa es señal suficiente para darme cuenta que él está preocupado— y lo entiendo, ¿sabes? Rome es su mejor amigo y jamás se le cruzaría por la cabeza el hecho de traicionarlo pero, todos estamos preocupados. Relamo mis labios, intentando ordenar un poco mis ideas antes de hablar. —¿Estás intentando decirme que esa chica es la culpable de que Rome haya bajado su rendimiento, Logan? —inquiero, un poco dudosa. Mi hermano asiente no muy convencido— ¿Y por qué ella tendría que ser la culpable? —Bueno, porque... mira, no sé lo que pasó entre ellos pero, Rome estuvo un par de semanas muy feliz de la vida, luego andaba con una cara que apenas y lo soportabas y ahora vuelve a ser el mismo de antes, ¿entiendes lo que quiero decir? Desde que publicaron esas fotos de Rome y ella en la playa, comenzó todo esto y yo estoy seguro que todo esto se debe a ella. Río —Todavía no entiendo por qué ella es la causante del bajo rendimiento de Rome. Es decir, es él quien juega los partidos, ¿no? —Sí pero ella está influyendo en el estado de ánimo de Rome. Él se la pasa pegado al teléfono todo el tiempo, se queda dormido para ir a los entrenamientos, no rinde lo que rendía antes. —¿Y no han hablado esto con él? —meto un cereal dentro de mi boca y mastico despacio. Logan se hace a un lado instintivamente. —Lo hemos hecho, claro. Pero él siempre dice que no es asunto nuestro y que no tiene por qué darnos explicaciones. El problema es que sí es nuestro asunto porque todos somos parte del equipo. —¿Y por qué me preguntas si yo conozco a esta chica? —alzo una ceja— Si no recuerdas, mi círculo de amigos es bastante reducido y no suelo juntarme con tus compañeros de equipo. Deberían darme un Óscar por mejor actriz y mejor guión también. —Es que justo ahí quería llegar... La conversación da un giro tremendo y yo busco por todas partes una manera de huir. Si Logan me sigue presionando de esa manera, yo terminaré escupiendo la verdad porque me está presionando mucho. Definitivamente, él debería dejar el fútbol de lado y dedicarse plenamente a la investigación. —En la fiesta de Steve, esta chica llegó con una amiga que no se despegó de Steve en toda la noche. Universitaria, guapa, simpática. ¿Y sabes lo más extraño de todo? Trago saliva, el corazón me late con prisa, amenazando con salir volando de mi pecho. —¿Qué...? —Podría jurar que esa chica tenía un leve parecido a Stanley... Reviento en carcajadas nerviosas ganándome una mala mirada de mi hermano. Sé que esto para él es serio pero, prefiero actuar como una completa loca antes de admitir la verdad frente a él. Además, decir la verdad nos perjudicaría tanto a Stanley como a mí y... bueno, eso no es algo a lo que nos quiero exponer. —¿De qué te estás riendo ahora? —Es que... —trato de hablar pero estoy tan nerviosa que la risa no cesa—. Es que eso es completamente ridículo, Logan. —¿Por qué? Tomo aire para calmarme y ocupo esos mismos segundos para aclarar mi mente y pensar con claridad. Una idea cruza mi cabeza en ese momento y decido ocuparla. —¿Has oído hablar sobre los Doppelgänger? —¿Doppel qué? — Doppelgänger, Logan. —¿Y qué es esa mierda? Te he dicho muchas veces que no utilices palabras que no entiendo. Me coloco de pie y boto el resto de cereal a la basura porque sencillamente ya se me ha quitado el apetito. —Los Doppelgänger son como tus dobles, ¿entiendes? Un gemelo perdido, algo así. Logan rueda los ojos —No me interesa, Abed. Te pregunté si conocías a esa chica sí o no. —No, Logan. No conozco ni a la nueva novia de Rome o a Stanley de ese mundo paralelo que tú mismo te has creado. Él farfulla algo que no logro entender y se coloca de pie. Está cabreado porque después de haberme contado todo lo que los atormenta yo sólo me burlé de él. —Como sea, gracias por tu inservible ayuda. —escupe antes de salir de la cocina. Y yo suelto un suspiro que me hace desvanecer. Esto tengo que contárselo a Stanley con urgencia.
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