Siete

3202 Palabras
No sé en qué momento me quedé dormida pero cuando despierto y veo a través de la ventana, el cielo ya está aclarando. Miro hacia el lado y veo a Rome durmiendo plácidamente. Elevo un poco la sábana y río en silencio al ver que está completamente desnudo. El problema es... ¡sus piernas están sobre las mías y yo necesito largarme de aquí! Aguantando la respiración, comienzo a deslizarme por la cama sin querer producir un movimiento brusco que lo despierte. No es tarea sencilla, pero después de lo que parece una eternidad, consigo levantarme. Lo primero que encuentro es el sujetador así que mientras que me lo coloco a ciegas, busco la tanga y el vestido. La poca iluminación en el cuarto no ayuda demasiado pero, no estoy de ánimos como para encender la luz y despertar a Rome para tener la típica e incómoda charla de qué-haces-aquí-todavía. Fuimos el sexo de una noche del otro, no estoy interesada en conversaciones banales con él. Encuentro la tanga y me la coloco. Agarro el vestido también y me enfundo en él lo más rápido que puedo. Le agradezco a Rome en silencio por haber dejado mi móvil sobre el velador y reviso la hora. 6:45 de la mañana. Stanley me ha enviado un mensaje hace veinte minutos atrás, preguntándome si es necesario que venga por mí. Yo le comparto ubicación y ella promete estar aquí en quince minutos. Le lanzo una última mirada a Rome y sonrío. Muchas gracias por la increíble noche que pasamos, espero que no se vuelva a repetir porque no estoy interesada en seguir vistiéndome como una puta. Hago el intento de borrar mi número de su agenda de contactos pero el muy desgraciado mantiene su teléfono con contraseña. ¿Qué diablos con la confianza, amigo? Me encamino a la puerta con cuidado, tratando de no hacer ningún ruido. Entonces escucho: —Hey, ¿a dónde vas? Me congelo en mi lugar y maldigo hasta en lenguas muertas. Me paro erguida y me volteo, forzando una sonrisa en contra de mi voluntad. Si Rome lucía bien durante el sexo, recién despertando es aún mejor. Se frota los ojos y la sonrisa adormilada que me regala me derrite hasta la última fibra. —Yo... —trago saliva. Él no me mira con la incomodidad que imaginaba, sólo está ahí, esperando una respuesta en clara confusión— iba al... baño. Él frunce el ceño y eleva su mano derecha apuntando hacia el lado. —El baño está ahí. Froto mi frente y suspiro. ¿Por qué estoy mintiéndole? Estoy actuando como si saber la verdad me fuera a doler. No es como si tuviera sentimientos por Rome y temiera el hecho de saber que al despertar juntos me correrá de su departamento porque soy una chica más agregada a su lista. Eso lo tengo muy claro y quiero hacérselo entender a él también. —¿Sabes qué? No estaba buscando el baño. Sólo... me iba y ya. —Pensé que querrías darte una ducha antes. —él dice luego de una pausa. —Nah. —¿Quieres que te lleve? Ladeo un poco la cabeza, confundida por tanta amabilidad de su parte. —No es necesario. —Sólo espérame cinco minutos —me pide de forma apresurada—. Tomaré una ducha y podré llevarte a donde quieras. —Rome —lo corto en seco—, no es necesario, de verdad. —Pero estás descalza. —¿Y eso qué? Estoy descalza pero aún puedo caminar. Además, vendrán por mí. —me acerco a la puerta y antes de salir le digo—: Fue un gusto conocerte, Rome. Avanzo por el departamento a oscuras, con el estómago apretado y con el grito efervescente arañando en mi garganta. Mi entrepierna duele como el infierno pero, por muy enfermizo que suene, es lo que me hace darme cuenta que lo sucedido anoche no fue sólo producto de mi imaginación. Me subo en el ascensor y apenas las puertas se cierran, observo mi reflejo. ¡Santa virgen María! ¿Cómo es que Rome no se asustó al despertar? Tengo todo el maquillaje corrido, las manchas de rímel parecen ojeras y las pestañas postizas que estoy utilizando se han convertido en una sola. La peluca es un asco como toda yo. Pero no me importa realmente. Luzco como un mapache, sí, pero un mapache feliz porque he cumplido con mi objetivo. Salgo a la intemperie y tengo que abrazar mi cuerpo porque hace mucho frío. Espero unos minutos y no dudo ni un segundo en subirme al coche de los padres de Stanley cuando ella se detiene frente a mí. Mi amiga, que todavía viste su pijama de Tiger de una pieza, me mira de pies a cabeza. —Vaya noche la que has tenido, muchacha. Tendrás que contarme absolutamente todo. Una absurda sonrisa se dibuja en mi cara. No es hasta que nos encontramos a unas cuadras de distancia del departamento de Rome que yo puedo respirar con tranquilidad. Stanley está esperando que yo comience con la historia pero, no sé cómo empezar a contarte todo. Ni siquiera es por vergüenza; he hablado absolutamente de todos los temas con ella, no obstante, tengo la cabeza hecha un lío justo ahora. —Estoy esperando... —canturrea ella, lanzándome una rápida mirada. Casi no hay vehículos a esta hora así que el regreso a casa será más corto de lo que pensé. Suelto un suspiro y en cuanto mis ojos hacen contacto con los de ella, soltamos un grito eufórico digno de los records Guinness. —Todo fue espectacular. —Lo sé —ella asiente—. Bueno, no lo sé porque no estuve ahí pero, apenas lo vi al otro lado de la barra, supe que era mi momento de desaparecer. Él lucía caliente. —Lo sé. ¿Puedes creer que antes de que yo lo viera, él me llamó? —¿Y cómo rayos supo que eras tú? Me muerdo el labio inferior y la miro como una babosa. —Dijo que jamás podría confundir mi trasero. —¡Oh, mierda! En el camino a casa, le cuento absolutamente todo. Stanley no para de reír y decirme que a pesar de todo, me felicita por haber cumplido mi tonto capricho. Antes de llegar a casa, me cambio de ropa en el asiento trasero del auto con un poco de dificultad. Me quito el maquillaje y la peluca también. Guardo todo en una bolsa negra y la dejo bien escondida bajo el asiento del conductor oyendo a Stan decir que ella guardará todo bajo siete llaves en su dormitorio. Ella me deja a las afueras de mi casa y antes de que baje del coche, me detiene. Cuando vuelvo para mirarla, ella está seria. —¿Qué harás ahora? —Tomar una ducha porque todo mi cuerpo huele a sexo. —respondo, medio en broma medio en serio. —No me refiero a eso, tonta. Te estoy preguntando qué harás ahora con Rome. —¿Por qué lo preguntas? —ella se encoje de hombros— Ya conseguí lo que quería, ¿no? Estoy lista para dar vuelta la página. —¿Y él? —¿Y él? —repito su pregunta. Ella asiente— Seamos sinceras, Stanley: Rome no es el tipo de chico que se acuesta dos veces con la misma chica. Eso ya lo tengo superado. Nos acostamos, el sexo con él es bueno pero, ya está. Se acabó. —¿Eso fue todo? —pregunta, dudosa. —Por supuesto. ¿Por qué? —Porque... —se detiene y luego de unos segundos, agita la cabeza—, olvídalo. —Stanley... —No es nada, Abed. Sólo estaba pensando que tal vez, por jugarretas del destino, él vuelva a contactar contigo. Suelto una carcajada —Lo dudo. Bueno, es hora de que entre de una vez. Muchas gracias por esto, amiga. De verdad. Stanley asiente y yo me bajo del auto cerrando la puerta con suavidad. Nos despedimos, prometiendo hablar durante el día y yo camino hasta la puerta de mi casa. Ingreso la llave en la cerradura y la giro muy despacio, sin querer producir demasiado ruido. Para mi suerte, no hay nadie en la sala ni en la cocina. Por un momento, pensé encontrarme a Logan en la mitad del salón con un bate de béisbol en una mano y una taza de café en la otra con una cara de culo de tres metros. Subo la escalera y me acerco a la habitación de mi hermano para echar un vistazo. Él todavía no ha llegado y eso es un alivio. Tomo una larga ducha, sintiendo como mis músculos van relajándose poco a poco. Seco mi cuerpo con calma después y me coloco mi cómodo pijama. Cuando salgo a mi habitación una vez más, me fijo en la hora y decido ir a prepararme un té con canela antes de dormir un rato. Como una maniática por la tecnología como todos en mi generación, llevo mi laptop y mi teléfono a la cocina. Una vez con mi té listo, me siento en un taburete y comienzo a revisar las r************* . En la página de f*******: de la escuela, han subido las fotografías de la fiesta de anoche y yo tengo que cubrirme la boca para no lanzar el líquido sobre la pantalla de mi ordenador. ¡Han subido fotografías de Rome y mías! Por supuesto, no se nota que soy yo pero los comentarios obscenos no se hacen esperar. Algunos preguntan quién es la chica, otros felicitan a Rome y unas cuantas resentidas llaman a la chica "zorra, puta, perra". Y, como era de esperarse, Rome hace acto de presencia con un flamante comentario: Rome Finnegan: Mueran de envidia, manga de idiotas. ;) Sin poder evitarlo, esbozo una sonrisa. Pensándolo bien, él es un chico bastante genial. Bien, no puedo decir que es un gran chico porque no lo conozco muy bien pero, es bueno en el sexo... —¿Qué haces despierta tan temprano un sábado? Pego un salto sobre el taburete y miro al frente, encontrándome con Logan quien está parado en el umbral de la puerta con una cara horrible. —Tenía hambre. —le digo lo primero que se me ocurre porque, bueno, no sé— ¿Dónde andabas? —Por ahí —él ingresa a la cocina y cuando pasa por mi lado, lanza una mirada a mi computadora— ¿Ese es Rome? Me aparta de un empujón y se inclina para mirar la foto más de cerca. —Diablos, pensé que los chicos sólo estaban jugando conmigo cuando me dijeron que lo habían visto en la playa con una chica. —¿Por qué? —trato de sacarle un poco más de información— ¿No es algo habitual que Rome aparezca con chicas en las fiestas? —Lo es pero esta chica era... —al parecer, mi hermano se da cuenta que la persona con la que está hablando soy yo y se detiene—. Tengo hambre, ¿me preparas algo de comer? —¿Me contarás lo de Rome? —No. —Logan responde tajante. Cierro mi laptop, tomo mi teléfono y me coloco de pie. —Entonces espero que te mueras de hambre. Regreso a mi habitación y cierro la puerta con seguro. Dejo el portátil sobre el escritorio y decido acostarme a dormir un rato porque estoy demasiado agotada. Dejo el teléfono sobre el velador y me acomodo lista para dormir. Sin embargo, cuando estoy a punto de hacerlo, mi teléfono suena. Frunzo el ceño al ver que es un mensaje de Rome. ¿Qué diablos es lo que quiere? Entonces caigo en cuenta. ¿Qué más puede querer Rome? Ya nos acostamos, no he dejado nada en su casa... oh, mierda. Él se dio cuenta de todo, en algún momento de la noche se me movió la peluca y él se dio cuenta que Lola no existía y que en realidad se trataba de Abed. ¿Es eso lo que quiere decirme? ¿Me está hablando sólo para llenarme de insultos? El teléfono suena otra vez y la bilis me sube a la garganta. Dos mensajes de Rome en menos de cinco minutos. Estoy muerta. Tomo una serie de largas respiraciones y cuando me siento medianamente lista, abro su chat. Rome: Lola, estás por ahí? Rome: Me gustaría hablar contigo. Suelto un suspiro. Bueno, él me ha llamado Lola, eso quiere decir que no se ha enterado, ¿verdad? Pero aun así, ¡dice que quiere hablar conmigo! ¡Y nadie dice "quiero hablar contigo" para hablar cosas buenas! Lola: Hey, sexy Lola: ¿Qué es lo que pasa? Él responde de inmediato: Rome: Pensé que estabas durmiendo jaja ¿Jaja qué? A mí no me da risa... Lola: ¿Qué pasa? Rome escribe el mensaje y lo borra por lo menos tres veces. Un sinfín de pensamientos comienzan a rondar en mi mente, creando horribles ideas donde yo soy la única afectada. Me imagino que me lanzará un montón de palabrotas porque me ha descubierto, o un rosario que incluya hasta de lo que me voy a morir porque no le gustó cómo estuve anoche pero, indudablemente, jamás me imaginé leer lo que leí: Rome: No me gusta andar con rodeos así que iré directo al grano: Rome: Quiero que volvamos a repetir lo de anoche, qué dices? Tengo que leer el mensaje como cinco veces porque, diablos, eso no me lo vi venir. ¿Rome Finnegan quiere volver a acostarse conmigo? Es que eso es completa y totalmente descabellado. Lola sólo fue una chica más de su larga lista de conquistas de una noche, ¿qué puede tener ella que la hace ser especial? Es decir, ni siquiera existe. Además, él puede tener a cualquier chica que quiera y yo lo hice sólo porque quería acostarme con él. Muy sexy y todo pero, yo quería un acostón no un amigo con derechos. Ante mi falta de respuesta, él me envía: Rome: Sigues ahí? Por supuesto que sigo aquí, imbécil. Rápidamente, le marco a Stanley y cuando me acerco el móvil a la oreja, me doy cuenta que estoy temblando. Ella se tarda un poco en responder. —¿Qué pasó? —su voz se oye adormilada. —Rome Finnegan me acaba de enviar un mensaje y dice que quiere volver a acostarse conmigo. —¿Qué fue lo que dijiste? Hablas más lento, Abed. Gruño —Rome me acaba de enviar un mensaje. —Ya... —Y me dice que quiere volver a acostarse conmigo. O con Lola, la mierda que sea. ¿Qué se supone que debo decirle? La línea se queda en silencio un par de segundos. —Uh... Si mal no recuerdo, me dijiste que lo pasaste increíble anoche. —Sí, ¿eso qué tiene que ver? —Que puedes sacarle provecho a la situación, mujer —la escucho suspirar, casi como si estuviera al borde de perder la paciencia—. Has tenido una especie de extraño flechazo con Rome desde hace tres años y recién ahora has podido cumplir todas tus fantasías con él. ¿Por qué no jugar un rato? El chico es sexy y está pidiéndote sexo sin compromiso, algo que tú misma dijiste estar buscando. ¿Cuál es el problema? —me quedo en silencio porque no encuentro una buena respuesta justo ahora— Me dijiste "sólo quiero sexo" y eso es lo que él te está dando. Aprovecha el momento y disfruta. —Pero no quiero tenerlo encima de mí todo el tiempo. —Entonces tienes que decírselo. Si él quiere tener sexo contigo, tendrá que ser bajo las reglas que tú decidas. —¿Y si se pone en modo intenso? —Abed... —Stan susurra, perdiendo la paciencia—, no te hagas la estúpida que a ti nada te cuesta mandarle la patada en el culo a los chicos. Ya sabes lo que tienes que hacer. Si quieres seguir acostándote con él, dile que lo harás pero bajo tus reglas. Si no quieres, déjale las cosas en claro para que no vuelva a insistir. —Lo haces ver como si todo fuera tan sencillo. —Es que lo es. Estás ahogándote en un vaso de agua. Ni tú ni él quieren una relación seria, ¿qué hay de malo con un poco de sexo loco de vez en cuando? Ahora, déjame dormir. No alcanzo a decir una palabra más. Stanley me cuelga el teléfono y ante mis ojos queda el chat de Rome abierto. Él sigue en línea, esperando una respuesta de mi parte. ¿Qué puedo decirle? Está bien, lo admito: el sexo de anoche fue genial, ese chico tiene un don con la lengua y los labios increíbles pero, ¿ser el acostón de alguien que puede botarte en cualquier minuto? Pongamos las cosas en perspectiva: ¿cuál es la probabilidad de que todo esto termine mal? Las probabilidades son altas y en cada una me veo como la más afectada. No estoy buscando amor justo ahora pero las estadísticas indican que las chicas se enamoran más rápido que los chicos y si a eso le agregamos un bonus de mentirosa asquerosa, sería el doble de doloroso. Rome: Lola???? Muerdo mi labio. Al diablo con todo. Yo misma dije que chicos como Rome Finnegan eran un producto, así que, haré exactamente lo que siempre quise hacer. Lola: Está bien. Lola: Pero, tengo algunas pequeñas condiciones. Rome: Qué tipo de condiciones? Muerdo mi labio inferior. Si me preguntas directamente, no estoy segura de seguir con esto. Ya conseguí lo que tanto quería, ¿para qué alargarlo más? No obstante, mi parte más pecaminosa dice que siga adelante hasta que ya no pueda más con la mentira. El momento de parar será cuando sienta que todo se está saliendo de control. Me tomo mi tiempo para pensar bien en las condiciones. Al cabo de diez minutos, cuando he ordenado todas mis ideas, comienzo a escribirle a Rome. Lola: 1) Sólo nos veremos los fines de semana. 2) Nada de preguntas sobre nuestra vida privada. A ti no te tiene que interesar nada de mí y viceversa. 3) Sin celos de por medio. 4) Sin llamadas. Sólo mensajes de texto. 5) Esto sólo es sexo. No estoy interesada en mantener una especie de relación romántica con nadie así que puedes ahorrarte los mensajes melosos. Y por último, pero no menos importante, 6) Esto queda sólo entre nosotros. Si me llego a enterar de que lo estás comentando con alguien, por muy mínimo que sea, todo se acaba, ¿quedó claro? Rome: Más claro que el agua. Rome: Entonces, nos vemos el fin de semana siguiente? Esbozo una sonrisa. Lola: Sí, sexy :). Nos vemos el próximo fin de semana. Rome: Genial, lo estaré esperando con ansias. No le respondo nada después de su último mensaje. Bloqueo mi teléfono y lo coloco a cargar, viendo esta como mi excelente oportunidad para dormir un poco más y recuperar todas las fuerzas que ese chico de ojos verdes me hizo gastar anoche.
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