Narra Luciana El ver a Amelia me hizo sentir feliz, por una u otra razón Amelia se convirtió más que en una amiga en poco tiempo, le pregunte a la señora rebeca si podíamos hablar en la habitación de mi padre, y ella me dijo que sí; así que le dije a Amelia para subir y al llegar a la habitación de mi padre, nos pusimos cómodas y a le empece a contar a ella todo lo que me había pasado —sí, amiga, pero fueron tantas palabras tan hirientes que me dijo Javier —le digo —pero tú no me habías contado que a él no le importaba tu clase social—me dice recordando lo que habíamos hablado en Marruecos —yo lo sé, te lo juro antes de terminar el colegio estábamos bien, pero cuando comenzamos nuevamente el año escolar yo sentí que algo había que había cambiado algo con él, pero no le preste atención,

