Demian. Después de haberlo lanzado contra la pared me dí cuenta de que le había dejado toda la cara roja, y que tenía un hilillo de sangre que colgaba de su nariz; al igual que como él me había dejado la mía Entonces, me acerqué a él rápidamente antes de que pudiese parpadear, y sujeté sus muñecas con una sola mano. Aprisionándolo, mientras que lo miraba con oscuridad. - Por favor- escuché que él gimió al instante, asustado-. No me golpees. - Debería de seguir haciéndolo- respondí secamente-, porque eres un maldito cobarde que ataca por detrás. - Por favor...- suplicó, y yo apreté su agarre-. Detente. - No quería lastimarte… Al menos, no al principio. - Por favor- noté que sus ojos se estaban humedeciendo poco a poco, y que estaba cayendo en la sumisión absoluta. Porque ese chico me

