Capítulo 01: Cabello rubio y ojos claros.

2235 Palabras
Alex. Jueves, 13 de Febrero de 2014.   Mi nombre es Alex King, y tengo quince años. Mi tono de piel es claro, pero no pálido, ya que el intenso sol de mi ciudad no me dejaba tener un papel como piel. Mi cabello era castaño, y muchos me decían que tenía la apariencia de un hongo, pero a mi me gustaba así de largo y esponjoso. Mis ojos son de un brillante café. Y soy un estudiante de tercer año cualquiera. Vivía en la ciudad de de Terraburgo, en el país de Obsiditlat. Con mi querida madre, y mi pequeña hermana de nueve años. Nunca había conocido a mi padre, porque él falleció cuando yo solo tenía cuatro años. A veces, lo recordaba, pero no lo hacía muy bien ya que tenía recuerdos borrosos. Además, mi madre nunca me habló mucho de él. Y siempre que trato de sacarle conversación de papá ella solo baja la mirada y se pone triste. Supongo, que lo amaba demasiado y es muy difícil para ella hablar sobre él. Mi niñez siempre fue alegre y divertida. Mamá me daba todo el amor que se le podría dar a un niño. Por eso fui muy feliz. Pero, un día simplemente esa felicidad que tenía siempre… se fue cuando entré a la secundaria Rivers. Porque ahí todo era un infierno gracias al chico de último año que me tomó de punto desde que accidentalmente le derramé encima mi bandeja de comida en la hora del almuerzo, cuando estaba en primer año. Fue un accidente, lo juro. Solo estaba muy nervioso porque muchas caras nuevas me miraban en la cafetería, y sin darme cuenta me tropecé con mis propios pies y le estampé sobre el uniforme la comida que yacía en mi bandeja a ese matón. Frente a todo el instituto. Y la verdad, desde ese día mi vida es un maldito infierno. Racso Hewkins siempre buscaba la manera de joderme con sus dos seguidores sin cerebros: Roger y Louis. Ellos siempre andaban detrás de mi para tenerme como su jodida bolsa de boxeo personal, y yo no podía decir nada porque temía. Esos simios de último año me amenazaron, y yo… les tenía mucho miedo. Aunque, siempre trataba de levantarme temprano para llegar antes que ellos y esconderme, eso no servía mucho, porque siempre me encontraban. Y por eso, ese día que llegué al instituto tempranito, mis intentos de esconderme fueron inútiles cuando Racso me descubrió en la biblioteca… y por eso ahí me encontraba en el baño otra vez. Siendo brutalmente golpeado por esos tres simios. Roger y Louis me sujetaban de los brazos, mientras que Racso me asestaba fuertes golpes en el estómago aunque yo le rogase entre lágrimas que se detuviera. Cada vez sus golpes eran más dolorosos, y cada vez… todo era peor. - ¡Maldita rata asquerosa! ¡Qué débil eres!- dijo Racso con esa aterradora sonrisa de matón que tenía, echándose a reír frente a mi por haberme hecho llorar-. ¡Por Dios, ya hasta estás llorando como una marica de closet! - ¡Basta, por favor!- volví a suplicarle como todo el tiempo, mientras que sus dos seguidores no paraban de sujetarme fuerte. - ¡Ay, ya terminemos con esto, Racso!- interfirió Roger con un pequeño tono de fastidio-. Que quiero ir a fumarme un cigarrillo. - Roger tiene razón, ya me aburrí de golpear a este escuincle- musitó Louis con una ligera y sádica sonrisa que me dejó paralizado, sin soltarme del brazo. Entonces, Racso solo se echó a reír, y dijo con una sonrisa: - ¡Acabemos con esta maldita rata entonces!- después, volvió a asestarme un fuerte golpe con el puño cerrado en el estómago y yo chillé de dolor. Racso empezó a golpearme sin parar. Sin parar. Porque se había aburrido de mi, y cuando eso pasaba se desquitaba con mayor intensidad, y yo no paraba de suplicarle entre gritos que se detuviera. Sintiendo como cada uno de sus golpes me arrancaba un chillido de dolor. De pronto, Racso me clavó una patada en el abdomen y yo caí al suelo sin muchas fuerzas, sintiendo como en ese momento sus dos seguidores me dejaban caer contra el suelo de baldosas del baño. La caída fue dolorosa y aterricé sobre mi trasero, ahogando un grito de dolor y sintiéndome mareado. - ¿Ya no resistes, pequeña rata? ¡Pero qué débil eres!- dijo, riendo-. Eres demasiado débil y delicado, por eso me das asco- soltó en un gruñido, acercándose con malicia hacia mi. - ¡Acabalo ya!- escuché que le dijeron Roger y Louis con fastidio, detrás suyo, y yo me quedé paralizado sobre el suelo. Mi cuerpo empezó a temblar al ver a ese enorme simio de último año acercándose a mi con perversión, y el pánico se disparó en mi cuerpo. «Ya no puedo, ya basta, ya no más, ¡por favor, ya deténganse!» Entonces, por el miedo que le tenía a mi matón cerré los ojos para no ver cuando este me golpease. Sin embargo, al segundo que hice eso, esperando a que Racso me asestara una patada. Una ronca y fuerte voz masculina se escuchó en todo el baño con autoridad, diciendo que no me volvieran a tocar. Y yo me quedé quieto sobre el suelo, asustado. Pero decidí abrir los ojos, confundido y desconcertado. Encontrándome al hacerlo, con un chico que jamás había visto en mi vida. Él recién había entrado al baño. Su cara no me pareció nada familia, así qué supuse que seguramente era nuevo, y de último año (por lo esbelto que era). Pero me intimidó bastante, y me aterró cuando observé como ese chico había tenido las bolas de sujetar a Racso del cuello de su camisa, y mirarlo de una forma escalofriante. Su fría mirada y esos ojos azules que tenía me asustó. Incluso, me provocó un miedo ciertamente mayor del que le tenía a Racso. - No lo vuelvas a tocar, y ahora mismo quiero que te vayas, o le diré a la directora- fueron las palabras que se desplazaron por los labios del rubio de manera amenazante, mientras que este seguía manteniendo presión en la camisa de Racso. - ¡¿Y tú quién te crees que eres para venir a hablarme así, eh?!- le respondió mi matón en un intento de defenderse, pero hasta yo noté que él le tuvo cierto miedo a ese intimidante rubio de ojos azules y mirada glacial-. ¡Y a mi qué me importa esa vieja! Además, ¡no es tu puto problema lo que hagamos con esta maldita rata de campo!- espetó Racso con el ceño más que fruncido, tomando en ese momento fuertemente la muñeca de la mano de ese rubio que, yacía en su camisa-. Si no quieres terminar igual que esa rata, mejor suéltame por tu bien y lárgate de aquí- le amenazó, y yo casi me estremecí-. Puede que seas muy valiente y todo, pero no sabes con quién te estás metiendo, nuevo. Entonces, ambos chicos tuvieron una aterradora pelea de miradas. No sabía cuál me asustaba más, pero la de ese rubio… era más intimidante. - ¿Me estás amenazando?- habló el rubio de manera neutra, sin apartar la mirada de Racso en ningún momento. Yo estaba sin habla. - ¿Qué si te estoy amenazando?- rió sarcásticamente-. Es una afirmación, rubiecito- agregó Racso con una perversa sonrisa de oreja a oreja, para acto seguido darle una suave palmadita en la cara. Demostrándole a ese chico que no le temía en lo más mínimo, para después deshacerse de su agarre, bruscamente. Roger y Louis se mantuvieron a raya, parecían estar igual de sorprendidos que yo. O, creían que Racso le podía partir la cara a ese chico, quien por cierto era igual de esbelto y robusto que mi matón. Eso hacía que su glacial mirada fuese todavía mas intimidante. - No lo volveré a repetir...- dijo el rubio, con esa mirada de demonio que tenía. Y un tono que sonaba como sí estuviese a punto de asesinar a Racso. - ¿O qué, idiota?- gruñó mi abusador con arrogancia, sin dejarse opacar por ese rubio. Un absoluto silencio se apoderó del baño, y vi un brillo aterrador en los ojos de ese desconocido chico. - O voy a matarte...- agregó él, como sí del mismísimo diablo se tratase. Y aunque, sabía que era solo una amenaza… sentí que hablaba en serio. Por eso se me heló la sangre, al ver que ese chico, quizás, si estaba hablando muy enserio ya que su mirada lo delataba. Me asusté aún más. Y el silencio inundó el baño por unos largos segundos, en los que vi al matón más grande del instituto Rivers siendo opacado por ese estudiante nuevo. Y en los que sentí que ese rubio sacaría una pistola de sus bolsillos y le volaría los sesos a Racso frente a nosotros. Y aunque, yo no era Racso, ni sus amigos, podía sentir que tenían miedo. De algo. De alguien. De ese misterioso rubio. Pero cuando el ambiente estaba a punto de volverse desesperante, el timbre que anunciaba las clases, sonó. Provocando que Racso y sus amigos salieran del baño “porque ellos debían de asistir a clases”, pero yo sabía mejor que nadie que le temían… a se rubio. Enseguida que vi a Racso y sus seguidores salir del baño, un peso se fue de mis hombros. Pero por alguna razón… aún sentía la desesperación recorrerme el cuerpo. Y por eso con la mirada perdida en el suelo, me hice un ovillo, mientras que sentía como gotas de agua me recorrían la frente y como mis cabellos permanecían húmedos. Al igual que ciertas partes de mi uniforme. Y por alguna razón, solo me preparé para recibir algún golpe de ese intimidante rubio. Porque no sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones conmigo. No confiaba en él, y menos cuando amenazó a alguien… de muerte. - Vaya, no sabía qué a los estudiantes de aquí les gustaba servirle como bolsa de boxeo a gente como ese imbécil- escuché que ese rubio dijo frente a mi, con seriedad y cierta arrogancia en su gruesa voz. Y aunque, tenía la cabeza entre mis cortas piernas, sabía que él me estaba mirando fijamente-. ¿Qué eres mudo?- añadió de golpe, cuando no le respondí. Entonces, sentí que empezó a caminar hacia mi. «No te acerques.» «No te acerques.» Tenía el leve presentimiento de que me golpearía, y por eso seguí hecho un ovillo, inmóvil. Con miedo a levantar la cabeza. Pero la desesperación me mataba, ya que él se había quedado en silencio. ¿Ya estaba frente a mi? ¿Dónde estaba? Entonces, por esa intriga que me invadía, me resigné, y sin importar que me golpease por ello, retiré mi cara de las piernas para ver dónde estaba. Y en ese momento sentí como el corazón me dio un violento vuelco. Él estaba frente a mi, inclinado, con su rostro a centímetros del mío, inspeccionándome con esos fríos ojos azules que tenía. Y el corazón me latía como si estuviese a punto de explotarme en el pecho. - Por fin el cachorro salió de su casita- dijo, enseguida que hicimos contacto visual. Y aunque estaba nervioso, no podía apartar mis ojos de los suyos-. Entonces, dime, ¿eres mudo?- agregó con un poco de arrogancia, pero a la vez de neutralidad. Y yo seguí perdido entre sus ojos sin decir nada-. Vaya… parece que sí eres mudo- mencionó para sí mismo, inspeccionando todo mi rostro con curiosidad, ya que yacíamos muy cerca uno del otro. Y en algunos momentos, nuestros alientos se mezclaban. Haciéndome sentir su fuerte olor a menta. - ¿Por qué dejas que abusen de ti?- soltó él al cabo de unos segundos-. A plena vista pareces un chico normal, como cualquier otro. Pero haces de bolsa de boxeo en secreto, qué horror. Entiendo que le tienes miedo a ese matón. Pero, yo no. Porque para mi él es solo una cucaracha, y tú también deberías de verlo así, y quizás, las cosas mejoren para ti y dejes de ser patético frente a él. Mis ojos se humedecieron, ya que hasta él lo notó… que soy patético. - No sé porque ellos...- hablé con un tono muy bajito, y suave-. No sé por qué me golpean, solo me tomaron de punto cuando un día pasó un pequeño incidente con su líder, y solo empezaron a acosarme y a golpearme- confesé, con lágrimas en los ojos, y él mostró un poco de impresión y curiosidad en su rostro al ver que había hablado. Y yo al recordar lo patética que había estado siendo mi vida en la secundaria, rompí a llorar finalmente frente a él. Sintiéndome avergonzado por hacerlo, pero ya no lo podía soportar. Y él solo se quedó en silencio, mirándome con atención. - No te preocupes, ellos ya no te van a molestar- lo escuché decirme, mientras que me miraba con aquellos lapislázuli que tenía como ojos, y yo traté de controlar mi llanto para poder responderle. Sorbiéndome los mocos, y tratando de que mi voz saliera, diciéndole: - ¿Por qué ellos dejarían simplemente de molestarme? Entonces él sonrió por primera vez, y dijo con seguridad: - Porque yo te voy a proteger.
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