CAPÍTULO DIECIOCHO Sus ruedas se subieron al bordillo, empujando a Adele hacia adelante en su asiento y haciendo que su hombro golpeara el borde del volante. Maldijo, deseando haberse abrochado el cinturón; pero, sin corregir el estacionamiento, Adele abrió de golpe la puerta del coche prestado y corrió entre los dos vehículos de la gendarmería que flanqueaban la entrada del parque con luces intermitentes. En la distancia, pudo ver a los hombres arremolinándose bajo los árboles, con las pistolas al hombro. La gendarmería era técnicamente una rama militar, pero a menudo servía para mantener el orden entre la ciudadanía. En otra parte, vio a oficiales de policía regulares buscando por el parque, con las linternas listas, siguiendo a perros de pelaje n***o y marrón. El parque nocturno, no

