—Debo contestar —dijo Heinrich. Se puso de pie y se alejó de Elizabeth—. ¿En qué puedo ayudarle? —comentó, con su el móvil cerca de su oreja. Ms. Hebe Harden sostenía el celular de la secretaria Windsor en su mano, escuchando la voz de Heinrich a través de la línea. El interior del automóvil estaba sumido en un silencio absoluto, de parte de la secretaria y el escolta, que estaba como chofer. Su bello rostro lo enfocaba en la distancia, con una expresión de astucia. No pronunció ni una palabra. Solo mantenía la llamada abierta por unos segundos. La tensión en el auto era palpable, y el sigilo se prolongaba. Hasta que decidió colgar, pues su cometido ya estaba hecho, y era apartarlo de las garras de la atrevida jovencita, que se había aventurado a tocar sus pertenecías. La Sra. Windsor,

