Las rosas que sostenía en las manos era el anuncio de que buscaba quedar ante todos como el perfecto marido.
Maia sonrió y dejó en manos de uno de los cuidadores del grupo de la Fundación, la bandeja con los trozos de pastel que estaba repartiendo, ya se imaginaba que esto iba a pasar. Cristóbal no se equivocó cuando le comentó que los invitados habían confirmado que recibieron el nuevo lugar donde se celebraría la reunión, que la asistente de Hadriel les informó por w******p.
Con una sonrisa recibió el beso en la mejilla y el ramo, las fotografías fueron tomadas por los periodistas que seguían el evento, Maia odiaba tener que dar ese tipo de espectáculo, pero era parte del convenio que tenía con las empresas Saint & Doménico y Layle Ltda., una manera de sostener los aportes que realizaban en diversos elementos que ayudaban a que los chicos tuviesen un buen nivel de vida a pesar de ser de escasos recursos.
Siguieron hacia el despacho en el primer piso, antes de llegar Leila llegó al lado de su padre abrazándolo, Hadriel devolvió el saludo, sin embargo, pronto notó que la niña tenía marcadas las huellas de lágrimas en sus mejillas.
La adolescente buscó apoyo sollozando que “esa mujer” la echó de su casa y que la “regaló” a sus tíos. Hadriel observó a Maia que se mantenía estoica ante las acusaciones de la menor, ya conocía el motivo de la discusión entre madre e hija, pero la siguiente parte la ignoraba, por lo visto, entre la llamada de su esposa y su llegada, sucedió más de lo que imaginaba o lo contado por Araceli.
Tomándola por la barbilla miró a la niña solicitando que fuera a su habitación a arreglarse, a las seis irían al club para la celebración del aniversario de bodas y ella era una parte importante en la relación de Maia y él. Leila se separó de su padre negándose a dejarlo solo, la despectiva frase lanzada a la mayor, fue reprendida por Hadriel que le ordenó subir y alistarse.
Una vez entraron, Envers aseguró la puerta para hablar sin interrupciones. Debía arreglar primero su relación para luego comprender lo de Leila. Apeló a la única estrategia que haría a Maia bajar sus defensas, la verdad acomodada de lo ocurrido.
—Habla rápido, estoy demasiado ocupada para escuchar nuevos insultos.
—Maia, te pido disculpas, ayer cuando llamaste me encontraba en una discusión con Vila por Galia, ella tuvo un accidente y está en coma.
Tal como lo supuso, la ceniza cambió su expresión cuestionando por lo ocurrido y porque no le dijo nada cuando le envió el mensaje. Hadriel aprovechó a contar sobre el accidente, la operación y la exigencia de Vila y como le acusó de ser él quien causó el accidente por la invitación a la fiesta. También expresó como tuvo que ceder trayendo a Galia a la ciudad e instalarla en una clínica donde la controlarían durante los siguientes seis, para desconectarla si no despertaba.
Maia lo abrazó con fuerza, le pidió disculpas por atosigarlo cuando ella pudo resolver lo ocurrido con Leila sin su ayuda. La expresión de culpabilidad en el rostro de la ojigris le dio a entender Hadriel que lo había conseguido, calmar la tempestad que provocó en su matrimonio, el siguiente paso a la reconciliación definitiva lo daría esa noche, no pensaba ceder ante los Pozo, menos ahora que comprendía la magnitud de su error al satisfacer los caprichos de Vila y Galia.
La voz de Cristóbal detrás de la puerta solicitando la presencia de Maia en el evento los obligó a interrumpir la conversación, el dueño de Port Prince le recomendó a su esposo ir a descansar mientras llegaba la hora de marcharse, le dio un beso en los labios y salió del lugar. Hadriel dejó salir un suspiró de triunfo por lo que acababa de pasar, miró el reloj en la muñeca y se dispuso a subir para hablar con Leila, al volver los ojos hacia la puerta, se encontró con Portia.
La azabache poseía un carácter particular que intimidaba, los pasos calculados rodearon los muebles del lugar hasta ubicarla frente a Hadriel, la sonrisa que le regaló era una advertencia.
—No sé a qué juegas, pero yo no soy Maia que se come tus mentiras —Envers quiso interrumpirla, pero la mujer la detuvo alzando una mano—. Esta noche déjala ser feliz, luego acelera el final de este teatro, puedo afirmar que la viuda Pozo estará feliz de verlos a ti y a su hijita, por fin juntos.
Hadriel se sorprendió, creyó que ninguno conocía esa historia. Portia le recordó el compromiso con los periodistas y que les debía avisar el cambio de lugar, también que la tonta que tenía como secretaria debía informar los nombres de los que asistirían.
Por la expresión del rostro del hombre, era claro que no tenía ni idea de cómo se organizaba una reunión de ese tamaño. Con un suspiro cansado, le solicitó ir donde Leila para que no dejase caer la mentira frente a los invitados.
—Tu hija es una insoportable muchachita que no le importara colocar en vergüenza a Maia, tus amiguitos han hecho un espectacular trabajo envenenándole en su contra, así que espero que sepas como controlarla, yo me encargaré de la recepción.
Hadriel le agradeció para dirigirse a donde Leila, tal como lo señaló Portia.
La historia de su hija estaba llena de reproches y acusaciones hacía Maia, las palabras usadas no serían dichas por ningún adolescente, se sintió hablando con Araceli, el movimiento de las manos, la forma de caminar, e incluso cómo lo interrogaba para saber si estaba colocándole atención, se sintió derrotado e inútil, se preguntó en qué momento permitió qué sus amigos se metieran tanto en la relación familiar, pero, sobre todo, hasta qué punto la necesidad de Ara de tener un hijo, le hizo robar la suya.
—¡No más Leila! —el tono fuerte de Hadriel hizo callar a la joven que le devolvió una mirada asombrada con unos ojos tan parecidos a los propios, que le pareció estar hablando consigo mismo—. Lo que hiciste estuvo mal, darle esa tarjeta a Galia equivalió que les explicara porque no me di cuenta de la compra de las drogas que consumió, acaso ¿me quieres ver en una cárcel?
La chica negó de inmediato con la cabeza, nunca se imaginó que eso podría pasar, la tarjeta era de la textilera, pero a nombre de Maia, así que, si algo malo pasaba, ella sería quien respondería no su padre, eso le explicó el tío Román.
—Maia reportó la tarjeta como robada, de no ser por eso, muchas personas estaríamos en problemas —Leila le pidió perdón agachando la cabeza, la primera muestra de humildad que le veía a la adolescente desde que llegó a la casa—. Es tu madre y merece respeto, lo que hizo fue darte gusto en la petición de irte con tus tíos, lo cual apoyo, si no deseas ser parte de nuestra familia, estas en la libertad de quedarte con ellos.
—¿Me vas a abandonar? —nada estaba saliendo como los tíos le dijeron, su padre apoyaba por completo lo hecho por Maia, dándole la libertad de irse y vivir lejos de ellos—. ¡Yo no me quiero ir!
—Debiste pensarlo antes de ofender a tu madre, yo no me voy a mudar ni a separarme de Maia, no me voy a casar con Galia y tampoco quiero que te hagas ilusiones con lo que Araceli y Román te hayan hecho creer sobre qué voy a unirme a ella —por el gesto de Leila, Hadriel creyó oír el castillo de sueños de su hija romperse—. Ahora alístate, te quiero hermosa para que luzcas a nuestro lado como la hermosa princesa que eres.
El beso en la frente le dolió a Leila, conocía muy bien a su padre y sabía que eso era la advertencia de que, si no se comportaba, le podía ir peor. Por el momento, le daría gusto, confiaba en tía Ara, además, al tener cerca a Galia, las cosas entre ella y su padre podrían mejorar, se reconciliarían, al estar juntos él abandonaría a esa mujer que la había robado de su verdadera madre engañando a todos.
Hadriel literalmente se tiró a la cama, estaba extenuado, le dolía cada uno de sus músculos y sin duda quería mandar a todos a la mierda, en especial a él mismo. Quería demostrarle a su familia adoptiva que tenía un hogar estable, que nada podría interferir entre ellos, y por eso, después de que uno de los socios le llamó preguntándole si era cierto que cancelaron la celebración de aniversario, se negó a aceptar la derrota. En su mente dio las gracias a Portia por colaborarle con los detalles, abrió los ojos para ver la hora en su reloj de pulsera, tenía el tiempo suficiente para descansar y retomar su máscara.