MANUELA —No lo sé chicas. Mamá y Esperanza están volviéndome loca con lo de la fecha —Froto mi frente ante el inminente dolor de cabeza que se aproxima—. Lo juro, esas mujeres quieren volverme loca. Ayer llegaron con cuatro, cuatro estilos de flores para el ramo de la novia. ¡Por Jesús! —exclamo tan fuerte que algunos de los comensales de la cafetería se vuelven hacia nosotras—. Llevo solo cuarenta y ocho horas comprometida y ellas ya tienen hasta el nombre de sus nietos. —Vaya que si son intensitas esas dos ancianitas —Bromea Tere. Golpeo su cabeza haciéndola rebotar contra la cuchara con los huevos y derramándolos en la mesa— ¿Pero qué mierda? —No les digas ancianas, respeta. Pendeja. —Creo que Manu acaba de hacerte lo mismo que tú a Gonzalo. —A diferencia de mí, Fabi. Gonzalo sie

