MANUELA Esto es una jodida tortura. Lo juro. Evitar arrojarme a los brazos de David, desgarrar su ropa y luego lamer cada parte de su cuerpo es realmente un suplicio. Él se realmente comestible con su camisa azul oscuro y esos pantalones de jean negros. Además hoy su cabello está peinado en ese estilo "recién levantado" y en su cara está esa sonrisa despreocupada que lo hace ver incluso más sexy y accesible. Desde que llegue ha estado tentándome no solo con su imagen, su colonia o su sonrisa. No. Ha estado tocándome, besándome y acariciándome tanto que estoy a punto de estallar. Cuando vio que caminábamos hacia ellos, se levantó de su lugar y me encontró a medio camino, me planto un beso que me dejó –no solo a mí– atónita, aún en shock por el beso deje que me encaminara a la mesa donde

