El cabello suelto se veía extraño, nunca lo usaba de ese modo y con ese vestido rosa, el naranja de su cabello resaltaba. Cuando la puerta se abrió su madre la miró de arriba abajo – el rosa te queda perfecto, te vez tan hermosa. Respiró profundamente. – Hija, estarás bien. Era el día de su boda, Elizabeth Silas se casaba – sí, estaré bien. Una persona más tocó a la puerta que estaba abierta y la señora Ernia volteó – alteza, me alegra que haya podido estar presente. – No me lo perdería – sonrió Lucia Anira y caminó hacia la novia que se miraba en el espejo – te vez perfecta. Dicho por la mujer cuyo cabello caía como cascada sobre sus hombros, que nunca usaba maquillaje, que solo tenía vestidos sencillos y que parecía ser la visión sacada de una pintura. Elizabeth no quería compara

