Durante los siguientes tres días, tanto mi cabeza como mi mano empiezan a sanar. El feo bulto en el costado de mi cráneo desaparece poco a poco, y los cortes en mis nudillos cicatrizan. Pero mi corazón solo parece romperse cada vez más, infectado por un dolor que se niega a desaparecer. Roy y Darren, impulsados por la misma urgencia que siento yo, pasan casi cada minuto despiertos buscando respuestas sobre lo que le ocurrió a Cole. Roy va a ver a Ronnie, lo que me asusta muchísimo a pesar de que me aseguran que no habrá violencia durante este periodo de tregua. Pero Ronnie sigue insistiendo en que no tiene ni idea de quién disparó a Carlos ni de quién pudo haberse llevado a Cole. Solo que no fue él. —¿Le crees? —pregunto con frustración cuando Roy vuelve y nos cuenta lo que hablaron.

