+*+*+*+*+*+*+*+*+ El aire de la mañana era una bofetada de realidad necesaria. Salí de la mansión cuando el sol apenas era un hilo de oro amenazando con romper la oscuridad del horizonte. Caminé por los pasillos de mármol en un silencio absoluto, evitando mirar hacia la puerta de la suite donde Viktor seguía sumergido en un sueño pesado, probablemente inducido por el alcohol y el agotamiento de haberme reclamado hasta el cansancio. Me dolía todo. Cada paso era un recordatorio punzante en la parte interna de mis muslos, una tirantez que me hacía caminar con una rigidez que intentaba disfrazar de elegancia. Me había duchado con agua casi hirviendo, restregando mi piel como si quisiera borrar el rastro de sus manos, pero el espejo no mentía: las marcas en mi cuello y la sombra de sus dedos

