Me duele la cabeza, y todo es confuso, huele horrible, empiezo a enfocar mi mirada y no reconozco nada. - Connor, mi vida, ¿estás bien? - Frida, ¿qué hiciste ahora? - No hecho nada, desperté aquí hace unos días y ahora tú. Miro alrededor, parece un almacén, ella está amarrada y golpeada. - ¿Qué te paso? - No quieres saber, pero es tu culpa. - Mi culpa, ¿De qué hablas ahora? Se abre una puerta y veo al desgraciado que quiero enviar a la cárcel. - Miren quién se digna a despertar. - Hijo de la fregada, fue una trampa — ahora caigo en cuenta — debí saber que eras tú. - En realidad, no, tienes buenos informantes, debo admitir que eres bueno haciendo tu trabajo. Se pone al frente de mí — puedo sentir algo de respeto por las agallas que tienes, espero no te molestes porque jugamos un

