Escucho voces a lo lejos y empiezo a despertar, me duele la cabeza. - Ay, mi cabeza. Me sostengo del dolor, termino de abrir mis ojos y orientarme, veo nuevamente la habitación del demente de Damián, recuerdo la pelea y la voz de la mujer de la puerta, lo que conlleva levantarme como un resorte de la cama provocando que todo me dé vueltas, me acerco a la puerta y escucho la discusión. - ¡Ya deja de gritarme, sé lo que hago! - ¡No sabes nada! — veo como su madre lo reprende furiosa — estupidez, tras estupidez es lo que haces, Damián. - Mamá, escucha. - ¡No voy a escuchar nada! Te escuché una vez, creí en ti y me mentiste. - ¿Vas a creer las mentiras de ese idiota? Yo soy tu hijo. - ¡No me mientas más! — lo amenaza — deja de tratarme como idiota. Cuando ella te acusó de plagio me dij

