Ver su sonrisa me gusta, al igual que sus ojos; aun cuando está molesto, estoy perdida. - ¿No te vas a comer el resto del dulce? - Por supuesto que sí, pero eso se disfruta con calma, cada cucharada vale la pena. Terminamos el postre y salimos, bajo una fuerte lluvia. - No me había dado cuenta de que estaba lloviendo — le menciono tratando de abrigarme. - Ni yo, pero eso no es problema. Se mete debajo de la lluvia mirando hacia el cielo. - ¡¿Qué haces?! ¡Te vas a enfermar, necio!. - No me voy a enfermar, me gusta la lluvia, quizás por eso está lloviendo, ¡porque estoy feliz! Estira su mano — ven, mira las estrellas conmigo. - Está lloviendo, no se ven las estrellas. - Claro que sí — me toma de la mano y me lleva a la lluvia. - ¡No! Me va a dar neumonía, ¿ves? Te encanta poner m

