Aquí estamos, frente a una gran casa, con muchos invitados y Connor viéndola como si fuera a entrar al purgatorio. - Puedes arrepentirte, aún estamos a tiempo. Tomo su mano — ¿crees que digan algo de mis raros ojos? No quiero robarle la atención a tu padre — se ríe. - Para eso está la mamastra, descuida — menciona Arya — esa siempre es el centro de atención, te apuesto que la mayoría de los presentes son sus amigos y no los de papá. - Ya Arya, compórtate hoy, es su cumpleaños y tenemos una invitada. - Cuñada, vas a conocer de mí algo desagradable, no te enojes conmigo, pero esta gente no la soporto. - Esta gente es tu familia — le reclama Connor. - También es la tuya, pero no nací con el don de la tolerancia. Toca la puerta, Connor me observa. - A penas quieras irte, me dices. -

