-Eres tan inútil. -resalté la palabra "tan"- -Oye, se supone que ibas a enseñarme a cocinar y quemaste los fideos ¿Cómo pueden quemarse los fideos? -preguntó- -Yo jamás dije que sabía cocinar. -me encogí de hombros y terminé de lavar lo que usamos mientras él secaba- -Para enseñar algo tienes que saberlo. -dijo- -Tú quisiste que te enseñara porque pensaste que al dar vuelta un panqueque yo sabría. -me senté en la mesada viendo como sus músculos se flexionaban mientras secaba la cacerola tan sexymente- -¿Qué tanto miras? -preguntó, sorprendiéndome ser tan obvia- -Yo... -no quería hablar por miedo a balbucear- Pensé ver un tatuaje en tu brazo, pero no. -mentí- -¿Qué viste para creer que tenía un tatuaje? -mierda, me cagó- -¿Viste cuando crees ver algo pero no es así? Bueno. Eso pasó.

