El grupo avanzaba hacia el oeste, siguiendo la pista del Guardián del Alba. Atravesaron vastos desiertos donde la arena dorada parecía extenderse hasta el infinito. Sin embargo, a medida que se acercaban a su destino, el aire se tornaba más denso, y un extraño frío invadía la noche. La constelación del Cuervo brillaba en el cielo, guiándolos con su resplandor tenue. Pero algo oscuro acechaba entre las estrellas, como si una sombra tratara de eclipsar su luz. El Valle De Los Ecos Perdidos Tras días de viaje, el grupo llegó al Valle de los Ecos Perdidos, una vasta extensión de terreno rodeada de montañas que susurraban al viento. Cada sonido parecía replicarse, creando un efecto desconcertante que erosionaba la concentración. —Cuidado con lo que decimos aquí —advirtió Elara—. Este lugar

