Caroline —¿Por qué usted no quiere? —indaga, poniéndome más nerviosa de lo habitual. Mis mejillas se encienden, haciéndome ver como una completa tonta, ¡vaya que no puede verme! —¿Qué? — es lo primero que sale de mi boca, con un tono nervioso y aguado, odiándome en estos momentos tan incómodos. —Si, porque yo… estaría encantado de probar ese jugo de frambuesa, pero desde sus labios. Hubiese sido un momento de fantasía, un momento que en verdad me hubiese gustado vivir si fueran otras circunstancias, no es por su estado, es el simple hecho de que yo soy empleada de sus padres, mi misión no es seducirlo, es buscarle quién lo seduzca y con otras armas letales en el amor. —No es lo que parece señor Fitz, dejaremos dos cosas claras— hago ahínco en los puntos, alejándome completamente

