Capítulo 4: Llegar a la Iglesia

1657 Palabras
Ella tiene en su mente en la realidad solo que vive en su imaginación para sobrevivir por completo a la cruda realidad. Es ahora cuando más debería de estar viviendo su vida en toda la extensión de la palabra, a mi lado quedándose para dorarla como la diosa que es en mi corazón. Si solo pudiera llevarla conmigo y justos huir, debo de hacer un buen plan para estar con ella por siempre y para siempre, ¿cómo lo hago sin eliminar el estado de los monarcas? Sé que mis orejas están abajo haciéndole saber que la entiendo así que, decido darle mi apoyo poniendo mi pata en su regazo después de escuchar que es huérfana. Vivir como un huérfano, me siento identificado con ella, vivir con extraños que solo me usan para lo que desean, entiendo a mi Luna. ¡Cuán similares somos, y ni hablar de lo que no conoce ella de mí lo conoces todavía! Algún día se lo diré todo. Perdido en la conversación que mi Mónica está llevando, me pregunto, ¿porque estoy pensando en todas estas cosas, cuando lo que más necesito es un buen plan para escapar este lugar? Quizás tendré que explorar, conocer mejor nuestro destino, y planear desde ese momento en adelante. MÓNICA —Si tan solo las cosas fueran a mi manera —digo levantando mis manos a mis lados—. A mi manera las cosas me darían una vida de paz y Libertad —continúo moviendo mis manos de arriba a abajo dramáticamente, sintiendo que de alguna manera, me estoy librando por completo de lo que he tenido que aguantar por tantos años. La cabeza de Alejandro no se movió de mi regazo mientras yo me seguía expresando, sacándome todo lo que sentía del pecho y haciéndoselo saber a un lobo que también es humano. Esto es sorprendentemente relajante, no dude de nada pues estaba en buena compañía, tanta paz tenía en desahogarme que mis palabras movieron la cabeza de Alejandro cuando las dije en voz alta. —Estoy tan cansada de ser lo que todos quieren que sea —muevo mis manos y me echo el cabello de adelante para atrás mientras sigo diciendo —, al final del día nos perdemos todos para vivir en los bosques, nadie ni nada de los aristócratas valen la pena —. Cierro los ojos y me dejo llevar por las palabras que mi corazón empezó a cosechar. En todo ese rato seguí pensando que sería de una vida con solo las emociones que Alejandro me ha empezado a dar, sintiendo que he empezado a vivir con certeza cuando en realidad ni un día a venido a pasar desde que nos conocimos, pero yo siento como si conociera a Alejandro de toda la vida. Decido dejar mis palabras ir después de soltar un pequeño suspiro cansado. Estoy tan cansada, cierro mis ojos negando con la cabeza la vida que me ha tocado vivir. —Creo que más que ser un simple guardián que solo me cuida, te haré también el guardián de mi corazón, lo protegerás de tal manera que no podrás vivir lejos de mí, como si fueras casi un amante sin el que yo no podría vivir. Lo que me brindas nunca nadie me lo ha hecho sentir y tengo miedo de perder esto de lo que no tengo ni la más mínima idea de que es —. Alejandro sube su cabeza al oírme decir tales palabras. Él actúa sorprendido de manera inmediata, casi demostrando que es algo absurdo lo que acabo de decir. Sus ojos me miran con sorpresa, y juro que en ellos pude ver un tipo de felicidad y vivacidad al menos por un momento. Creo hablar demasiado lo hizo reaccionar de esta manera. ¿Qué le está pasando a Alejandro? Pensando en esto, me pregunto de nuevo, ¿quizás fue algo que dije mal? Si fue algo que dije mal pues aun así no deseo parar, por años mantuve dentro de mí todo lo que deseaba decir…, preguntar. Solo viví y me conforme con entender que me rodeaba, olvidando lo que deseaba experimentar pues siempre me fue negado, y por alguna razón, todo lo que no tuve en pasado, siento que podré tenerlo ahora con Alejandro. ¿Pero por qué tiene que ser Alejandro? No me hace sentido que sea él, pero tampoco me explicaron lo que un guardián podría brindarme, solo me dijeron que me protegería de muchos que desean mi muerte. Los títulos de amantes es algo común en la vida de la alteza. Siempre y cuando mis deberes ante la realeza sean hechas a la perfección. Recuerdo lo que una de las damas de la alta sociedad habló en una reunión en la iglesia mientras estaba con mis maestras. La dama bien vestida dijo que una mujer tiene que ser la fuente de deseo para su esposo pues un amante daría eso y más. Recordándome esto me pongo de frente a Alejandro y le miro directamente a los ojos, con una sonrisa le expresó mis ideas. — ¡Espera ese título te lo podría dar! ¡¿Qué piensas, ah?! —Sus ojos se abren un poco más ante mis palabras, desvía la mirada por un momento mientras yo sigo hablándole —. Eso sería una bendición del Señor si lo haces, de tal manera no se atreverían hacerme daño, solo mi esposo podría hacer lo que desee conmigo, pero al final, yo estaría completamente protegida. Por favor, si estás de acuerdo lame mi mano, Alejandro —. Extiendo mi mano a su hocico y le pregunto— ¿si? —. Alejandro no dudo de responder pues, él empieza a lamer mis manos y a mover su cola. Ver a Alejandro tan feliz me dio más fuerzas, valor, y determinación en seguir adelante con lo que siento, sé que las cosas no serán nada fáciles, pero con Alejandro, podré hacerlo todo. Confío en ello. Extendiendo mis manos a su hocico y le digo con más ternura —. Tengo que aprender ahora más que nunca las reglas, conozco mucho pero lo conozco todo —le confieso un poco asustada. Muchas mujeres, incluso hombres de la alta sociedad, se jactan de que sus camas son calentadas todas las noches por sus guardianes. Algo que la Madre Luisa, la monja que me cuidó, escuchó decir para después aclararme que el deber de un guardián es todo menos calentar una cama. Recordándome esto rodo mis ojos de lo insultante que suena, pero ahora pensándolo bien me siento mal en hacerle esto a Alejandro, no deseo darle algo que no le agrade. Rápido empiezo a darle opciones, algo que a mí no me darán prontamente. —Si quieres te haces amante de una de las damas y ya, problema resuelto, o simplemente te quedas soltero, lo que desees —. Alejandro me resopló a modo de respuesta. Sonriéndole con cariño, continúo hablando —. Pero eso sí, debes de tomar una decisión, y yo la respetaré, Alejandro, pues eres humano como yo hasta cierto punto —, entonces dirige su mirada fuera del carrusel solo para darse cuenta que estamos lejos de la aldea y llegando a nuestro destino. Dándome de cuenta que estamos cerca, cierro las pequeñas cortinas del carrusel, Alejandro me mira a la cara solo para terminar por recibir una lameada por toda mi cara, lo cual me hizo reír. Mientras me movía para acariciar a Alejandro le dije: —por lo que me dejaron saber las monjas de esa iglesia, el lugar más horrible de mi vida, al regresar tú y yo vamos a conocer a las damas escogidas para mí, nos conoceremos hoy en el palacio —. Alejandro mantuvo sus ojos cerrados pero el deseo de gruñir no lo superó. Sé que más personas que él no conoce lo harían sentir nervioso, pero sé que si se le hago saber sobre ellos en mi tono más calmada, lo ayudaría en no estar en la oscuridad —Ahí nos quedaremos por unos días, pero al momento que me case nos mudaremos, tú, mis damas y yo a nuestro hogar fuera del palacio —, vuelvo a resoplar fuertemente—. Eso es lo que espero… por lo menos, nada más dicho, solo una charla en general —. Mirando cómo se empieza a dormir Alejandro, le pregunto con un poco de sarcasmo —, ¿hablo mucho? —Alejandro mueve de lado a lado su cabeza, y ahora soy yo quien se acerca para darle un abrazo. Abrazándolo, cierro mis ojos y le digo desde mi corazón—, eres mi primer amigo, solo espero que sepas que te valoro mucho. Dejando de abrazar a Alejandro, escuchó al Coronel Del Salvador gritarme a mi lado derecho. —Duquesa Mónica de la Mendoza, hemos llegado, prepárese para dejar el carrusel —dice. El caballo corre más a prisa. Al llegar al lugar, me abren la puerta del carrusel para presentarme al Coronel Miguel Del Salvador, un hombre con mucha barba, pelo en una trenza, y siempre en armadura de plata. El hombre detesta a los hombres lobos, no conozco cómo él es con las mujeres lobas, pero sí sé que él no tiene buena reputación con las mujeres en general. Mirando a Alejandro con odio, el Coronel me dice; —por orden del Rey temo que una cosa me toca informarle a la Duquesa. Al salir de aquí es que debe de obtener su primera experiencia con su guardián, como hombre en quien el Padre de la iglesia ha tenido confianza en poner los papeles que les han dado, acuerda marcar a tu nueva dueña —. El Coronel entonces mira de lado para después, dejarnos salir. Yo rodeo mis ojos debido a la ironía que esas reglas implementan a mi vida, hemos llegado por última vez a este infierno, o por lo menos eso espero.
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