Capitulo 10: Guardianes se Reúnen

1406 Palabras
“Estoy de camino, espérame en donde estás, pero si escuchas a un humano escóndete hasta que llegue.” “Sí, Alfa.” Tomando mi transformación de lobo, agarro los pantalones con la boca y corro hacia el bosque que está cerca de la granja donde me vendieron. Al pasarla, me adentro en el bosque, donde veo a un Pablo desnudo estudiando una casa abandonada. Caminando cerca de él, me pongo los pantalones. “¿Qué has encontrado?” le pregunto con cautela. Pablo se gira para mirarme con los ojos llenos de dolor, y temo saber qué hay en la casa abandonada. Sabiendo que debo hacer algo para dar mis respetos a los que han fallecido inocentemente, le digo a Pablo por nuestro enlace: “Por ahora deja la casa y sígueme. Deseo saber cómo está el lugar por dentro. No tengo mucho tiempo para regresar al lado de mi Luna.” Pablo no contestó, solo caminó para estar a mi lado. Los dos caminamos hasta que llegamos a la vieja aldea de mis padres, que fue destruida por los humanos. Todo está destruido, quemado, y hay esqueletos de muchos en las calles que cruzamos. “Alfa, esto está hecho un cementerio. Tendremos mucho trabajo por hacer si nos ponemos en algo como esto.” Pablo me expresa cómo se siente, y aunque él lo vea de esa manera, mi idea será más eficiente. Pero tenemos que planearlo. Teniendo en mente algunas ideas, empiezo a decirle: “Tengo varias ideas, pero primero deseo ver si en la casa del Alfa viven los humanos que están encargándose de aquellos que están en la granja más abajo.” Pasando las casas de aquellos que fueron eliminados, me sentí más que triste. El dolor de saber que nadie los pudo salvar me destruye. Pude ayudar a mi Beta a ser libre, pero aquí están los esqueletos de aquellos que solo trataron de vivir un día más. Al pasar las casas, nos encontramos con la mansión, y mis sospechas crecen. Entrando por las puertas de la mansión de mis padres, sentí nostalgia de un lugar donde solo viví por tan poco tiempo. La aldea no la conocí a tiempo, pero la casa donde nací me hace sentir como un cobarde, el cobarde en que me convertí por la traición de mis propios padres al abandonarme. Pero al ver cuán bien está la mansión, me pregunto si mis sospechas son reales, por lo que le digo a Pablo: “Si nos encontramos con humanos, no los mates. Déjalos inconscientes para después moverlos al calabozo, por si acaso.” Lo miro con susto y le pregunto cuando él me devuelve la misma mirada: “¿Sabes en dónde están?” Él sacude la cabeza. Perfecto. “Bueno, en la sala y desnudo será.” Volteo para mirar mis alrededores y le pregunto por fin: “¿Entendido?” “Sí, Alfa. Tomo el lado izquierdo.” Pablo se va y yo sigo adelante. La mansión es de tres pisos. El primero es mayormente para reuniones, cuartos de estudio y, si mi memoria no me falla, la cocina y la sala de entretenimiento. El papel tapiz rojo con flores que sostiene las pinturas de la familia está dañado; incluso las pinturas están destruidas. Caminando dentro de la cocina, huelo algo encenderse. Me escondo un momento y veo a alguien entrar por una puerta cargando madera. “Pablo, no estamos solos. En la cocina hay alguien. Sal afuera y elimina a quien sea humano. ¡Ahora!” Sin esperar su respuesta, entro a la cocina y tomo un cuchillo de la mesa, apuñalando al hombre que entró con la madera por un lado de la cabeza. Hago lo mismo con el que está frente a la zona de calefacción central, ya que la chimenea de la cocina está siendo encendida para cocinar. Muevo los cuerpos, ahora muertos, al fuego. “Terminé con dos. ¿Has encontrado más?” le envío por enlace. Me contesta en medio de lo que asumo es una pelea: “¡Sí, Alfa! Tengo guardias con lobas encarceladas en la cárcel debajo de la mansión.” Al escuchar su respuesta, me apresuro para llegar a donde él está. Me quito la ropa para no destruirla y dejo que mi lobo tome el control. Al entrar, veo a unos siete humanos peleando con Pablo, que aún está en forma humana, y ataco con furia al escuchar a las mujeres gritar por su libertad. Al terminar con las vidas de esos humanos, Pablo corre a tomar las llaves de uno de ellos y abre la celda donde se encuentra un grupo de mujeres que siguen hablando entre llantos. Viéndolas, le envío un enlace a Pablo: “Regreso pronto. Ellas no merecen verme desnudo, han sufrido bastante. Déjales saber que les hablaré en un momento, pero que por favor te enseñen dónde pueden sanar esas heridas, Pablo, y si desean ser parte de mi manada.” Él contesta más tranquilo, segundos después de enviar el enlace: “Sí, Alfa. Te dejo saber pronto.” Regresando a mi estado humano, me pongo la ropa justo cuando Pablo me envía su enlace: “Alfa, todas desean tu protección y serían honradas de ser parte de nuestra manada. Estamos en el primer piso, casi en la entrada. Me llevaron por unas puertas de la mansión que te enseñaré al regresar, pues estamos cortos de tiempo.” Viendo por la ventana rota cómo la oscuridad comienza a aclararse, corro para verificar que todas estén bien. Una de ellas camina junto a Pablo. —Ella es Anitta, Alfa. Era enfermera de este lugar hasta que la tomaron los humanos. Todas tenían un cuarto, pero ahora están libres para regresar y estabilizar, una vez más, el palacio que será de nuestra nueva manada. Anitta y las otras mujeres detrás de ella, que se ayudan entre sí, se giran en espera para saber qué pienso sobre sus palabras. Con una sonrisa, les devuelvo sus preocupaciones y, con seguridad, les dejo saber el plan que tengo en mano. Pronto tendré que irme a donde mi Luna se encuentra. —Les agradezco mucho su determinación y deseo mantenerlas a salvo, pero estarán solas aquí hasta que regrese Pablo mañana por la noche. Lo ayudaré a regresar permanentemente. Por ahora, las que deseen ser parte de mi manada, vengan para ser iniciadas. Una por una me aceptaron, y sentí mi manada crecer aún más. Sé bien que Pablo tendrá que quedarse aquí con ellas y con todos los que empiece a enviar para vivir con ellas. Es la mejor opción. Sintiéndome más fuerte que antes, pero cansado, miro a Pablo, que está muy feliz de ver el progreso que hemos hecho. Tomándolo del hombro, le digo: —Vámonos ahora, y esta noche regresas permanentemente para ser la ayuda que ellas no tienen para arreglar la mansión. Yo necesito seguir liberando a nuestra gente. Me sonríe y añado firmemente: —¿Estamos claros todos con el plan? Una de las mujeres me pregunta después de asentir: —Alfa, ¿tenemos una Luna que nos dará dirección? Su pregunta me llenó de tantas emociones… amor por mi Mónica, pero también tristeza, al saber que ella no tiene ni idea de quién es para mí… ni para mi especie. A punto de virar, la misma joven habla: —Esos hombres vinieron después de hacer ese campamento abajo, y sabes que vendrán más pronto si las cosas aquí no funcionan como se ha estado, Alfa. Si es posible, queremos saber qué hacer mientras tanto, pues temo por nuestras vidas. Su miedo fue sentido en el enlace de mi nueva manada, y eso me llenó de una ira que no podía contener, aunque sabía que ellas tenían razón. De pie, me expliqué con ellas: —Si alguien viene, sigan liberando a nuestra familia. Usen los cuchillos y cualquier cosa que tengan, incluyendo sus lobos. Mi manada crecerá en más que esperanza. Seremos fuertes y llenos de honor por ser libres entre nosotros, pero respetados por ser quienes somos. Aúllen cuando algo ocurra, que les contestaré cuando pueda. Por ahora, nos tenemos que ir. Pero toda información que tengan, por favor dígansela a Pablo… y a mí cuando regrese. Tomando mis pasos junto a Pablo, nos volvimos lobos con la ropa en nuestras bocas una vez más, y antes de que el sol saliera, llegamos al palacio real.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR