[su humor ]capítulo 5

2621 Palabras
Un momento después, el carro de Andrey hacía su entrada a la gran mansión, aparcándose justo al lado del carro en el que momentos antes se había movilizado Dasha. El no había bajado del carro cuando notó que la seguridad había aumentado; Quitó el cinturón de seguridad y empezó a movilizarse para bajar del auto. Al bajar, se encontró con las puertas del auto de al lado abiertas y las luces encendidas, mostrando la cantidad de sangre que había en el asiento trasero. Cerró las puertas del auto y empezó a caminar hacia la casa. Justo cuando llegó a la puerta principal, analizó el rastro de sangre; sin duda, algo había pasado. Empezó a entrar, siguiendo un rastro de sangre hasta llegar a la sala de estar, encontrándose con Dasha sentada en el sofá blanco de cuero que decoraba la sala, mientras se presionaba la herida. Había bastante sangre en el piso y el sofá también estaba manchado. Él había llegado justo 10 minutos después de ella. Conectó su mirada con la de ella, quien presionaba la herida con una mano y con la otra cortaba la llamada en la que se mantenía momentos antes de verlo entrar. - ¿Qué demonios significa esto? - preguntó a Gled, quien permanecía en una llamada telefónica con el médico. El hombre lo ignoró, empezando a caminar y buscando todo lo que el doctor le pedía. Andrey dirigió su mirada nuevamente a su esposa, quien no se había quejado, y ella le dedicó una sonrisa. - Pensé que después del polvo con la modelo vendrías a casa más relajado, pero por tu rostro me he equivocado. Traes la misma cara de amargado que siempre. - Ni siquiera en una situación así dejaba de molestarlo; era odiosa. No parecía molesta, más bien divertida, mientras mencionaba su polvo con Kira, haciendo que él endureciera más sus facciones. - Tus perros falderos debieron llevarte al hospital. - Mantenía su mirada fija en ella, que no había borrado su sonrisa divertida del rostro, lo que lo irritó. - ¿Temes que muera? - Lo vio tomar asiento frente a ella y, por primera vez, le vio sonreír, haciéndola borrar su sonrisa de golpe. - Te equivocas - respondió, ahora más relajado - hubiera hecho una fiesta para festejarlo. - Se refería a si moría. Maldito desgraciado, no dudaba que lo dijera en serio. Se movió buscando más comodidad, lo que le causó dolor. Fue imposible que su rostro no lo reflejara. - Temo que mueras en mi puta sala. - La mirada que ella le dio cuando escuchó aquello hizo que ambos se mantuvieran la mirada. - Nuestra sala, querido - dijo, volviendo a sonreír para ocultar el puto dolor que estaba sintiendo - recuerda que todo lo tuyo ahora es mío y viceversa; si yo caigo, tú también. - Maldita perra - le dijo, dándole a entender que ese comentario lo había enojado, justo lo que ella quería. Quería que se fuera; no lo quería regocijándose de su dolor y sabía que al pedirle que se fuera, él no lo haría. Pedirle algo así era demostrar debilidad. No tenía intenciones de irse; lo supo al verlo acomodarse en el maldito sofá. - Tienes gente siguiéndome - le preguntó, mirándola a los ojos, y ella asintió, viendo cómo él apretaba los puños. Lo hacía para protegerlo. Él tenía un séquito de seguridad siempre cuidando de él, pero no era lo mismo que tener a matones expertos cuidando su espalda. No podía darse el lujo de perderlo. Es cierto que heredaría todo de ser así, pero ya era demasiado complicado controlar el mundo ilegal que manejaba como para también enfocarse en tantas empresas, sin contar que lavaba su dinero sin preocupaciones y no tenía que meter sus manos, solo el dinero. Él hacía todo lo demás. No iba a explicarle el porqué tenía gente siguiéndolo no pudieron seguir con la discusión que estaba a punto de desarrollarse entre ellos debido a la presencia del médico, quien la acostó en el sofá y empezó a analizarla. - No vas a morir - dijo el médico en tono burlón, pues la conocía desde que era una niña. Ella sonrió. - Debe decirle eso a mi esposo; estaba demasiado preocupado al verme sangrar tanto. Por un momento pensé que le daría un infarto. "¡Esa mujer!" pensó Andrey, poniéndose rojo de la rabia al ver cómo el doctor dirigía su mirada hacia él. - No debe preocuparse, señor Ivanov; la señora vivirá un par de años más, hasta que Allah así lo permita. - La risa de la mujer se escuchó en la sala, haciendo que hiciera luego una mueca de dolor. parecía tener sentido del humor, al parecer, enojarlo parecía satisfacerle mucho pensó Andrey . El doctor no había notado el sarcasmo en las palabras de Dasha y le había seguido el juego sin querer. - Por desgracia - contestó Andrey al doctor, haciendo que este carraspeara incómodo y mirara a Dasha, y esta se encogió de hombro, mostrando una falsa inocencia. —Debes guardar reposo, Dasha —dijo el médico minutos después de terminar de suturar la herida. La chica asintió, verificando el móvil, y el médico, debido a la confianza que tenía con ella, le cubrió la pantalla con la mano para que ella le prestara atención. —¿Escuchaste lo que dije? —le preguntó, molesto, y ella volvió a asentir. —Debo guardar reposo —repitió de un modo despreocupado; parecía una niña chiquita. Fue imposible para Andrey no hacer una mueca parecida a una sonrisa; parecía que ser traviesa era su naturaleza. El médico negó, dándose por vencido. Entonces hizo algo que dejó a Dasha y Andrey atónitos. —Debe tomar estas pastillas. Estos son antibióticos, uno cada 8 horas, y estos son analgésicos, igual cada ocho horas. Puede tomarlos juntos y asegurese de que haya comido cuando vaya a tomar los medicamentos. Es importante que no se salte la hora —¡le estaba dando las instrucciones a Andrey!. El hombre dudó en tomar los medicamentos en sus manos y, justo cuando el médico pensó que no lo haría, lo vio tomarlos y luego asentir. Solo ellos tres permanecían en la sala. El médico se retiró, dando por terminado su trabajo, dejando a la pareja en un momento donde ambos se sintieron incómodos. —Él no tiene idea —le dijo, refiriéndose al doctor—. Puedes dejar las pastillas por allí —dijo, señalando la mesita de centro—. He escuchado todo lo que dijo, solo me gusta molestarlo. Le explicaré a Gled todo. Parecía más relajada; su camiseta aún permanecía con sangre, al igual que sus pantalon y sus botas. Parecía no sentir tanto dolor como al principio; lo ocultaba bien, pero él sabía que debía dolerle mucho. La estaba analizando y ella se puso nerviosa; era la primera vez que permanecían tanto tiempo en el mismo lugar. —¿Es tu amante? —preguntó, y ella frunció el ceño, sosteniéndole la mirada. Al ver que estaba confundida o quizás estaba fingiendo, él fue directo—: El taciturno maleducado que parece tu sombra. Ella no pudo evitar reírse, arrepintiéndose al instante cuando la corriente de dolor la azotó. —Mallkim —dijo en albanés para que él no la entendiera (maldición), había dicho quejándose del dolor. Cerró los ojos por un instante, importándole poco demostrar el dolor que la había azotado. Pasaron algunos segundos y luego abrió los ojos para mirarlo, dándose cuenta de que él mantenía sus ojos fijos en ella. Luego la vio negar—: Gled es como un hermano —explicó; no diría más. No tenían por qué hablar de ese tema.— No me importa que tú sí tengas. Esto no es real y tú puedes hacer lo que quieras con tu vida, hacer el amor con todas las mujeres que quieras. No la dejó terminar de hablar; la risa de él inundó la sala, dejándola embelesada. En verdad parecía que algo le había hecho gracia, y analizó sus palabras, sintiendo que había dicho algo mal. Entonces sintió cómo se le teñían las mejillas debido a la vergüenza. "¿Qué había dicho mal?" Él seguía riendo y ella puso cara de enojo. "¿Se estaba burlando de ella?" —Ahí no, no puede ser —dijo divertido, y luego le miró al rostro, notando sus mejillas rojas. Que se viera tan tierna debía ser una puta broma. Se tornó serio y, sintiendo la necesidad de aclarar, lo hizo mirándola a los ojos—: Yo no hago el amor —le dijo seriamente, para luego inclinarse hacia adelante y decir claramente, con todo el descaro del mundo—: Yo follo duro, intenso. -¡Mierda! Ella tragó saliva, mirando sus labios; la forma en que lo dijo fue seductora. Era todo un desgraciado, pensó ella. Decidió quedarse en silencio, pero su rostro se enrojeció. Él volvió a su posición, acomodando su brazo en el respaldo del mueble, sin apartar la mirada de ella, quien ahora parecía incómoda. —No iba a pedirte permiso de todos modos, iba a hacerlo. Tú puedes hacer lo mismo —le dijo—, analizando la viéndola nerviosa. Por primera vez lo supo por la forma en que evitaba su mirada y pellizcaba su camiseta—. Puedes follarte a cuantos hombres quieras; estoy seguro de que tienes que tener un par de amantes —dijo con seguridad. Mientras ella le dio una mirada asesina, el comentario la había enojado, pero decidió no decirle nada. Y él continuó—: Solo debes ser cuidadosa —quería terminar con esa conversación, entonces asintió en su dirección. —Lo seré —contestó, haciendo que esa respuesta le causara intrigas. La inocencia que demostró con sus gestos y la incomodidad le hicieron pensar que, o había tenido poca experiencia en el mundo del sexo o no sabía una mierda. Sacudió la cabeza; era imposible no le aparto la mirada mientras tenía esos pensamientos. Joder, estaba nerviosa; nunca pensó ver algo como eso. La mirada que le estaba dando había hecho que le sudaran las manos. Mientras ella intentaba calmar los nervios, él la estaba mirando de una manera intensa, sin descaro, como si la estuviera analizando. "¿Porque no se largaba de una vez por todas?". Escuchó la voz de Gled acercarse y sintió alivio de tener un punto de concentración. No pasó mucho tiempo cuando Gled llegó a ella, tendiéndole el móvil. - He dicho que puede tratarlo conmigo, pero ha sido tajante al decir que lo haría contigo - la familiaridad con la que se hablaban denotaba que había mucha confianza entre ellos. O eso fue lo que Andrey pudo analizar. La vio asentir y luego tomar el móvil; no había dicho de quién se trataba, pero al parecer ella ya lo sabía. - Espero que hayas solucionado el problema - preguntó con esa misma maldita voz que lo llevó al día en que se presentó frente a él. Ahí estaba esa perra. La analizó con más ímpetu; era como si fueran dos personas diferentes. - Así es - respondió Celi - me he retrasado, pero tendrá su cargamento lo antes posible - le aseguró con ese respeto y profesionalidad que lo caracterizaban. - Quiero un veinte por ciento en mercancía extra por el retraso - pidió, el doble de lo que había ofrecido a los ucranianos por el retraso - claro, si es que quieres que mantengamos negocios a futuro. Del otro lado de la línea, en vez de enojarse, Celi sonrió. A eso se refería con decir que era especial; le amenazaba de una forma sutil, su carácter le ponía la v***a dura. - No tengo problema con ello - respondió el hombre. Tenía muchos clientes, es cierto, y también mucho dinero, pero su reputación iba ante todo; además, quería seguir teniéndola como socia. - Tamam - respondió ella, cortando la llamada, viendo que Gled, así como había llegado, se había ido. Estaba resolviendo el desastre que habían dejado atrás y asegurándose de obtener todos los videos de vigilancia que los implicara. Ya la había escuchado hablar en dos idiomas diferentes. La escudriñó con la mirada, y ella endureció su mirada hacia él; estaba harta de tenerlo enfrente mirándola de esa manera. - Puedes irte ya - le ordenó, pero él no se movió. Entonces, antes de empezar la discusión, recordó algo importante. Levantó su mano pidiendo un momento cuando Andrey iba a empezar a hablar. Marcó un número en el móvil. - Tienes lo que te pedí? - le preguntó y luego cortó la llamada, escuchando los pasos de Gled, quien le tendió un sobre que ella tomó y luego el hombre volvió a marcharse. Ella sacó el contenido del sobre; eran unos boletos de avión y luego se los tendió a Andrey. - Son para tu madre y para Irina - le dijo, viendo que el hombre no hizo el mínimo esfuerzo en tender la mano para sostenerlos, haciéndola enojar. Entonces explicó la situación. - Deben salir de Rusia al menos un par de días hasta que yo resuelva un asunto que tengo pendiente. Tendrán vigilancia 24/7 y me temo que, mientras resuelvo mis asuntos, será mucho mejor y seguro que tu familia no esté cerca. Pensó que le gritaría o reclamaría, pero en cambio hizo una pregunta que la descolocó. - ¿Qué clase de asuntos? - le preguntó. - Mataré a mi ex prometido, que aún no supera que me haya casado contigo y que le haya mandado la cabeza de su hombre de confianza el día de nuestra boda como muestra de rebeldía total hacia su amenaza - explicó, mirándole a los ojos con una naturalidad como si le explicara que iba a tomar un vaso de agua, justo así. - Ha dejado un mensaje claro - dijo, señalando su costado - piensa volverse un grano en el culo y no lo voy a permitir. Antes voy a matarlo; me temo que tú y tu familia pueden ser un blanco, ya que he herido su orgullo - dijo con diversión. Definitivamente estaba loca. A eso se refería; con frialdad hablaba de matar como si no fuera nada. - Dile a tu madre que ha sido un regalo de mi parte como muestra de disculpa por no poder visitarla cada vez que me ha enviado una invitación - pidió seriamente, pero sin mirarle a los ojos. - Bien - le respondió, sosteniendo los boletos - ¿Algo más que deba saber? - Debes cuidar tu espalda; estoy cooperando con eso también. Si quieres, puedes ir de vacaciones con tu familia; puedo comprar otro boleto para ti también - ofreció. - ¿Temes que muera? - preguntó, utilizando las palabras que ella había utilizado antes en su contra, pero sin una sonrisa descarada en el rostro como la que tenía ella al hacerle esa misma pregunta horas antes. La respuesta de ella le hizo sonreír con ironía. No sonreía, y en el rato que había pasado con ella sonrió más de lo que lo hacía en semanas. - Sí - había respondido - si mueres, sería mucho trabajo para mí - respondió descaradamente - sería la mujer más millonaria de toda Rusia, pero me temo que no estoy tentada a hacerlo cuando tendría que dominar mis mierdas y también tus empresas. - La forma en que lo dijo llamó mucho la atención de Andrey; era una mujer muy extraña. Asintió en su dirección y luego se levantó del sofá. - Puedo cuidar mi espalda, solo no necesito huir - le respondió para luego marcharse, haciendo que ella le siguiera con la mirada.
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