La estaba torturando con placer. Cada vez que sentía que ella iba a correrse, apartaba sus manos, negándose a darle el orgasmo que ella tanto ansiaba. - Eres un abusivo - le dijo con la voz entrecortada, ganándose toda la atención de Andrey. - Quieres que ruegues por algo que queremos los dos. Eso bastó para que el hombre le abriera las piernas y posara en medio de ellas. Acarició su m*****o, el cual estaba erecto lo puso en su entrada y, mirándola a los ojos con malicia, lo hizo resbalar de una sola embestida, haciéndola cerrar los ojos con fuerza. - No quería que rogaras - le confesó al oído mientras sentía cómo su m*****o era abrazado por su interior apretado. - Solo quería que confirmaras que querías - la embistió fuerte, haciéndola gemir y cumpliendo su promesa de follarla duro. L

