Mantener la calma en medio de una tormenta podía ser la diferencia entre ser arrastrada por ello o no. Las miradas iracundas de los hombres estaban fijas una en el otro. Permanecían a mínima distancia; lo único que los separaba era la butaca en el suelo que se había caído debido a la rapidez con la que los hombres se habían puesto de pie, arrasando con todo a su paso. No habían volteado a ver a la mujer que había irrumpido en la sala y mantenía su vista sobre ellos. Ninguno había desenfundado su arma, pues por seguridad ambos se mantenían en privacidad y desarmados. Se suponía que sería una charla tranquila, pero era más que obvio que ninguno se soportaba; tenían un carácter similar y ambos detestaban que se le impusiera. - Señor Celi - llamó Dasha, ganando la atención del hombre por br

