El celular de Andrey se hizo añicos al impactar con el piso. Estaba enojado, demasiado enojado. Ella no iba a cooperar; la conocía, era demasiado obstinada cuando se lo proponía. No iba a escucharlo y lo estaba encerrando otra vez. Así era como se sentía: acorralado. Peinó su cabello hacia atrás, intentando calmarse. Debía tomar una decisión ya. Estaba reacio a atacarla, pero con su nuevo movimiento no le dejaba otra opción. Estaba furioso con ella y preocupado por lo que podría pasarle a su hermana y a su madre. Quería, de verdad, pensar que ella no sería capaz de lastimarlas, pero la conocía: Dasha, enojada, no recapacitaba. Tragó saliva; la situación ya era difícil de por sí y ahora, ahora era mil veces peor. Dios y el diablo eran testigos de que amaba a esa mujer. Aún con todo el PRED

