No sé lo que esperaba, por Dios. No asumió que no era su primera vez y entró en ella sin cuidado alguno, dejándose llevar por la excitación del momento. Ahora seguía pasmado sobre ella, con la mitad de su m*****o en su interior, apretado. Ninguno dijo palabras; el asombro de Gled estaba plasmado en sus ojos. ¡¿Era su primera vez?! se repetía. La chica demostraba una seguridad y un descaro abismal; ni por un segundo pasó por su mente que fuera su primera vez. Eso, sin duda, lo complicaba todo. - Debiste decirlo - pensó. Intentó retroceder, pero, maldición, ya estaba hecho. Se la había metido y no había vuelta atrás. Enfadado, terminó por introducir su m*****o por completo, sintiendo cómo ella se abrazaba fuerte a él. Era la primera virgen, la primera virgen con la que se acostaba. Le gus

