STABBY Por un momento, solo apoyó su frente contra la mía y miró dentro de mis ojos, sin decir nada, solo mirándome con su intensa mirada febril. Nos quedamos así durante largos momentos sin aliento. Sus ojos azules me recordaban al frío mordaz de las mañanas de invierno, del tipo antes de que caiga la primera nieve, y los carámbanos que cuelgan de las ramas de los árboles cuando la nieve comienza a derretirse de nuevo. —Ace… —comencé. —No. Silencio. —Presionó sus labios contra los míos antes de que pudiera terminar mi frase, haciendo que olvidara cualquier protesta que pudiera haber tenido. Rozó la punta de su lengua contra la mía, una y otra vez, y podía sentir otra sonrisa formándose en su rostro. ¿Por qué estaba sonriendo? Soltó mi boca, alejándose lo suficiente para hablar. —

