*16*

1528 Palabras
La carretera desierta y el calor que irradiaba del cielo convertían los cascos y los chalecos en un peso insoportable para Loraine y Alex. Por eso, ambos se encontraban detenidos al lado de la vía, descansando. Alex se aparta unos pasos para intentar comunicarse con la agente Frankfort, pero no logra establecer contacto alguno. Mientras tanto, Loraine observa el entorno, sintiendo cómo una corriente de nerviosismo la inunda al pensar que Lion los persigue. El joven vuelve con un suspiro de frustración y se encuentra con la mirada inquieta de Loraine. —No pude comunicarme con la agente Frankfort —dice Alex mientras se sienta en la moto y se pasa la mano por el cabello. —¿Y ahora qué haremos? —pregunta Loraine, visiblemente nerviosa. —Tendremos que pasar la noche en un motel y comprar algo de ropa —responde Alex, mirándola y atrayéndola hacia él—. Tranquila, haré todo lo posible por mantenerte a salvo. Loraine suspira mientras es abrazada por Alex, permitiendo que una sensación de tranquilidad se apodere de su interior. Ambos jóvenes permanecen unos momentos más en la carretera y luego vuelven a subirse a la moto, listos para continuar su camino hacia algún motel cercano. Lion Golpeo todo a mi paso, desatando la furia contenida en mi cuerpo al sentir que, una vez más, Loraine logra escapar. Agarro mi celular y llamo furiosamente a mi contacto infiltrado en la agencia, buscando la dirección exacta en la que se encuentra esa maldita mujer y el guardia de seguridad que la protege. —Necesito urgentemente la dirección de Loraine —exclamo, furia en mi voz—. ¡Huyó con ese guardia de seguridad! —grito, molesto ante la respuesta—. Intenta averiguarlo rápido y envíamelo con urgencia. Corto la llamada sin esperar respuesta, dejando escapar un suspiro de frustración, cuando unos pasos firmes se acercan a mí. —Prometiste no hacerle daño a Alex —dice esa voz chillona detrás de mí. —Y eso hice, solo que se llevó a Loraine con él —respondí, furioso—. ¡ME GOLPEARON Y HUYERON AMBOS A DIOS SABE DÓNDE! —le grito, exasperado—. Pero claro, la mujercita rogando por la vida de su prometido… Gwen, ¿cuándo madurarás y dejarás a ese hombre sucio por alguien que realmente te merezca? —acaricio su mentón, intentando calmarme. —¿Quién sería perfecto para mí? ¿Tú? —dice Gwen, riendo—. Eso jamás, Lion. Solo mi padre tiene negocios contigo, además de ayudarte en tus negocios turbios y a encontrar el paradero de tu novia fugitiva. Sonrío con molestia y, antes de poder decir algo más, un mensaje en mi teléfono me saca de aquella absurda pelea con la hija de mi socio. "Su última señal fue a 40 kilómetros de la salida de la ciudad; a partir de ahí se pierde la señal. Cualquier novedad, te avisaré." Aprieto mi teléfono, mientras la risa absurda de Gwen me saca de aquel momento de pensamientos. —Tu contacto no sabe el paradero de Alex y Loraine —dice, riendo—. Él es inteligente y no los pondrá en peligro por nada del mundo, sobre todo si tú los estás siguiendo de cerca. Miro con rudeza a la rubia, intentando concentrarme e imaginar dónde carajos se encuentran esos dos. No pararé hasta encontrar a Loraine y traerla de vuelta. Lo que ambos jóvenes no sabían era que ya no podían confiar en nadie más que en ellos. Loraine y Alex siguen su camino hacia un motel cercano, donde pasarán la noche y comprarán algo de ropa. Loraine El sol está a punto de ponerse, cediendo ante la llegada de la noche, y todavía no hemos conseguido encontrar un lugar para dormir. Al menos hemos comprado algo de ropa con el dinero que tenemos, lo cual nos ayuda en estos momentos en los que no recibimos respuesta de Nathaly. Mi cuerpo tiembla de miedo ante esta situación. No logro entender cómo Lion nos ha encontrado si se suponía que la mansión era segura. Una mala sensación se apodera de mi corazón al pensar que podría haber alguien infiltrado en la agencia de seguridad que me ha delatado con mi ex pareja. Suspirar nerviosamente por este último pensamiento no ayuda, y Alex se percata de mi gesto. Pasa su mano por la mía y me mira de reojo para darme aliento. —Tranquila, encontraré algún lugar donde pasar la noche —me dice Alex, mirándome a los ojos—. No permitiré que ese hombre nos encuentre. —Lo sé, solo estoy pensando en cómo nos encontró —respondí, soltando un suspiro. —No lo sé, pero lo averiguaré... es mejor no tener contacto con nadie por el momento —dice Alex mientras continúa conduciendo la moto. Seguimos recorriendo la carretera y nuestras esperanzas de encontrar un lugar se desvanecen a medida que la noche avanza. Un suspiro de alivio escapa de mis labios al ver el cartel iluminado de un motel en plena carretera, no muy lejos de donde nos encontramos. —Al menos no tendremos que dormir en el pasto, al costado de la carretera —dice Alex, sonriendo, y yo le correspondo. —Eso es bueno —digo, observando el cartel iluminado con el nombre del motel. Alex acelera la marcha de la moto para llegar rápidamente al motel y poder descansar después de varias horas de viaje. *** Pocos segundos después, entramos en la administración del motel y una dulce mujer mayor nos atendió. —Buenas noches, visitantes —dijo la mujer, mirándonos—. Mi nombre es Carmen Scovers y tengo las mejores habitaciones para ofrecerles un descanso cómodo. —Gracias, es justo lo que necesitamos en este momento —dijo Alex, dirigiendo su mirada a la amable señora. —Entonces, no hay más que hablar —respondió Carmen, sonriendo—. La habitación cuesta 50 pesos por noche. Alex miró su billetera y nos dimos cuenta de que teníamos justo lo necesario para pasar varias noches, pero eso significaría compartir una sola habitación. Él dirigió sus ojos hacia mí para ver mi reacción y, tras un instante de duda, accedí a su decisión; no estábamos en condiciones de permitirnos lujos al huir de personas peligrosas. —Nos quedaremos unas diez noches —anunció Alex, volviendo a mirar a Carmen. —Muy bien, serían 500 pesos —dijo Carmen, observándonos a ambos—. Hacen una pareja muy bonita. Alex me miró y sonrió, tratando de disimular la situación frente a la señora, a lo que yo correspondí con un gesto tímido. Él sostuvo mi mano, dándome una leve caricia de protección. —Gracias —exclamé, dirigiendo una mirada dulce a la mujer. —De nada, jovencita —respondió Carmen, anotándonos en el libro—. Bueno, ¿me podrían decir sus nombres? —Sí —dijo Alex antes de que pudiera decir algo—. Mi nombre es Stephan Xaiver y ella es mi pareja, Laura Traines. —Muy bien —dijo Carmen mientras anotaba en el libro—. Espero que disfruten su estadía; ahora los llevaré a su habitación. La mujer amablemente nos condujo a nuestra habitación, mientras mis ojos examinaban detenidamente el lugar, que se veía bastante pintoresco. Al llegar, Carmen abrió la puerta del cuarto y nos hizo pasar. Era bonito y muy limpio. Carmen nos entregó la llave y salió, no sin antes explicarnos cómo funcionaba el baño de la habitación. Una vez solos en el cuarto, dejé escapar un suspiro de cansancio y Alex me miró, acercándose para reconfortarme en sus brazos. —¿Aún no hay noticias de Nathaly? —pregunté, mirándolo con tristeza. —Aún no, y creo que debemos evitar tener contacto con nadie de la agencia —me contestó mientras acariciaba mi mejilla con lentitud y unía nuestras frentes—. Creo que hay infiltrados en ella y por eso supieron tu ubicación. —¿No parará hasta matarme? ¿Verdad? —dije, separándome de su contacto y mirándolo a esos ojos marrones que me hipnotizaban. —Haré todo lo posible para que eso no pase —respondió, mirándome de igual forma, perdiéndonos en la profundidad de nuestras miradas. Los ojos de Alex me llevan a un mundo de ilusiones y sensaciones del que jamás podría escapar, a pesar de los recuerdos de Lion que me atormentan. Sin embargo, no dudé en lo que haría a continuación y en la seguridad que me brindaba aquel momento, junto a Alex y en sus brazos. La necesidad en mi cuerpo me pedía a gritos que actúe sin miedo. Aunque pudiera morir luego a manos de Lion, jamás sería suya, porque mi corazón y mi cuerpo ya habían encontrado a su verdadero dueño. Estampé mis labios contra los suyos, dejándolo realmente confundido y asombrado ante mi acto. No sabía realmente qué me impulsó a hacerlo, pero era consciente de que podría arrepentirme. Sin embargo, antes de que pudiera disculparme, sus labios comenzaron a corresponder a los míos y ambos nos perdimos en los besos del otro, sin ningún tipo de arrepentimiento, mientras nos acercábamos a la cama.
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