-Xander Ross- La maldita luz del sol que entra por la ventana hace que me despierte, aunque no abro los ojos; cosa que ni siquiera quiero hacer, porque parece que la cabeza se me quiere partir en dos. En contra de mi voluntad abro los ojos, lamentándome por la decisión de pararme en ese bar anoche; no recuerdo una mierda de lo que pasó después del sexto trago. Sé que, si mis padres estuviesen vivos, estarían decepcionados de mi decisión, pero era algo que necesitaba para callar la voz de mi conciencia gritando en mi cabeza. Miro el techo de mi habitación y me doy cuenta de que siento un peso en mi brazo y que mi pierna descansa sobre algo duro. Me giro con delicadeza, porque el malestar no me deja moverme, y me encuentro de frente con la realidad. «¡Maldición! ¿Cómo terminé en esta

