Canje.

1719 Palabras

El silencio en la habitación de Astrid era de esos que duelen, de esos que se te clavan en los oídos como agujas. Lía caminaba de un lado a otro, frotándose las manos, mirando la puerta cada tres segundos. Estaba aterrada. Pero Astrid... Astrid era otra cosa. Estaba sentada al borde de la cama, pálida como un papel, pero con una mirada fija que daba miedo. Sus manos, todavía temblorosas por el esfuerzo de haber traído dos vidas al mundo hace nada, apretaban las sábanas con una fuerza que le ponía sus dedos blancos. —Lía, deja de dar vueltas que me vas a volver loca —dijo Astrid, y su voz no sonaba a la de una mujer convaleciente, sonaba a desesperación. —¡Es que no puedo, Astrid! Tu papá está allá afuera volviéndose loco, la mansión Wilde está en llamas y tú quieres levantarte como

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR