No soy tu prisionera

1386 Palabras

La habitación de Astrid se sentía pequeña para la magnitud de la confesión. Lía caminaba de un lado a otro, frotándose las manos, mientras Astrid terminaba de relatarle el encuentro en la pared y la frialdad de Elijah respecto a su pasado. —¡Esto es una locura, Astrid! —susurró Lía, deteniéndose frente a ella—. Estás viviendo con un hombre que te trata como a una prisionera y una madrastra que quiere verte muerta. No puedes quedarte aquí esperando a que ese tal River o las brujas esas den el siguiente paso. Tienes que irte ahora. —No es tan fácil, Lía. Kai es su heredero. Elijah tiene ojos en todas partes —respondió Astrid, aunque una parte de ella gritaba por libertad. —Tengo mi coche a dos kilómetros, en el sendero viejo —insistió Lía, tomándola de las manos—. He visto unos túneles de

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