El Nuevo Beta

1501 Palabras

El regreso a la mansión Blackwood no fue el desfile militar que muchos esperaban. Fue una procesión de guerreros cansados, con las armaduras abolladas y el alma necesitada de paz. Elijah cabalgaba con Astrid pegada a su pecho, como si temiera que el viento se la fuera a arrebatar si la soltaba por un segundo. Cuando los muros de piedra de la mansión aparecieron en el horizonte, un suspiro de alivio colectivo recorrió a la manada. Al cruzar el portón principal, la alegría estalló. Los omegas y los niños que se habían quedado refugiados salieron corriendo con lágrimas en los ojos. Pero entre toda la bulla y los abrazos, había un hombre que se mantenía al margen, oculto bajo la sombra de un gran roble. Era Osiel. Osiel miraba todo con una tristeza que le quemaba la garganta. Ver a A

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