Elara Montesinos El día amaneció envuelto en la tensión de Lía aunque el regreso de Londres nos había anclado en una paz sólida, la presión del recital de ballet pesaba sobre mi hermana. En la cocina Lía apenas tocaba su desayuno con los ojos fijos y asustados, era su primer recital y tenía un solo además de ser la principal en varios momentos. Lia era buena y la maestra lo había notado, Lia era constante y perseverante, supongo que era una cualidad que ambas teníamos. —¿Y si me caigo, mamá? ¿Y si olvido los pasos del arabesque? —murmuró Lía. Alexander ya perfectamente trajeado y listo para la noche, dejó su teléfono, se acercó a la mesa, su presencia una fuerza de calma inmediata. —Lía —dijo, su voz profunda y seria—. ¿Olvidarás los pasos? Probablemente no pero ¿y si lo hace

