Alexander La reunión con los directores de logística era un ruido de fondo que apenas lograba penetrar la barrera de mi concentración. Estaba sentado en mi despacho había decidido trabajar aquí me sentía más seguro sabiendo que podía tener todo bajo control en casa. —Señor Vance, si desviamos los fondos hacia el puerto de Singapur, podríamos... —el ejecutivo se calló de golpe cuando levanté la mano. El silencio absoluto que tanto me había costado imponer se rompió de la forma más violenta posible. Un grito desgarrador, agudo y cargado de un terror que solo un niño puede sentir, atravesó las paredes insonorizadas de mi despacho. —¡¡ELARA!! ¡¡ELARA, NO!! ¡¡ALEX, AYUDA!! Mi corazón dio un vuelco violento, golpeando mis costillas como un animal enjaulado. Ese era el grito de Lía. N

