Alexander Vance Salimos del Vance Plaza Hotel. Yo estaba bajo una tensión nerviosa brutal, obligado a mantener la fachada de cortesía después de haberla poseído con tanta desesperación en la suite. Ella caminaba a mi lado y aunque no me tocaba, el recuerdo de su cuerpo y sus gritos de placer en la noche me volvían loco. En la camioneta luché contra el impulso de tomar su mano, ella me había dado su amor físico que era el único que yo entendía, pero me había exigido el control emocional que me aterrorizaba. __Gracias, Elara —dije, mi voz era áspera pero controlada. Ella se giró para mirarme. Había un brillo de satisfacción en sus ojos, la seguridad de una mujer que sabe que su deseo ha sido honrado con la intensidad que ella anhela pero la advertencia permanecía, clara co

