Alexander Vance Estaba arrodillado en el frío suelo de mármol del penthouse de la Calle 57, aferrado a la mano de Elara. Mi confesión, mi humillación total —"¡Te amo, Elara! ¡Te amo tanto como tú dices amarme!"— era la verdad más grande y destructiva que jamás había pronunciado yo, el hombre que controlaba miles de millones, rogaba por la permanencia de la única cosa que no podía comprar, Elara se quedó en silencio por un tiempo que pareció una eternidad, finalmente retiró su mano de la mía, el simple acto me dejó sintiéndome vacío, como si me hubieran amputado una extremidad. Ella se levantó con lentitud su rostro estaba mojado por las lágrimas, pero su expresión, aunque agotada, era firme la vi encogerse ligeramente bajo la luz tenue, pero su voz no tembló. —Me alegra que me am

