Elara Montesinos El silencio era una losa pesada en la suite después de que Alexander se asegurara de que Lía había regresado a la calma. El se había despojado del traje y caminaba hacia el tocador, su silueta poderosa e inalcanzable yo permanecía inmóvil, procesando la brillante y cruel actuación que acababa de presenciar. —Lo que hiciste fue inaceptable, Alexander —dije, mi voz apenas un murmullo roto por la rabia y el agotamiento. Él no se giró. —Hice lo que era necesario Elara. Lía está tranquila y por la mañana, estará estable y de tu lado, es lo único que importa. —¡No me refiero a tranquilizarla! —Me acerqué, la necesidad de confrontarlo era más fuerte que el miedo a su ira—. Me refiero a las palabras que usaste no puedes decir "te amo" solo para manipular a una niña

