CAPÍTULO VEINTICUATRO Cuando Emily se despertó temprano a la mañana siguiente, después de otra noche inquieta, lo primero que se encontró haciendo fue correr por los escalones de Trevor y llamar a su puerta. Ella tenía un fuerte deseo de verlo, de asegurarse de que estaba bien y de ofrecerle todo el apoyo que pudiera. Cuando Trevor contestó, parecía contento de verla. Pero por su apariencia, Emily podía darse cuenta de que su salud ya había declinado. Su piel había adquirido un tono casi amarillo. Emily sonrió a cambio, aunque se sintió muy antinatural hacerlo; le iba a llevar un poco de tiempo adaptarse a la idea de que Trevor era su amigo y no su enemigo. —Vine a ver cómo estabas—explicó Emily. — ¿Comprobando que sigo vivo?—contestó sarcásticamente. Emily jadeó, sorprendida de que

