—Mejor que una abogada remilgada y estirada… Grita mientras se levanta de la silla y se queda mirándome con sus pequeñas manos cerradas en un puño. —Imbécil. Me fascina la transformación. Ya no es la profesional remilgada y fría que, aunque era muy guapa, era tan atractiva como una comida fría. En su lugar, me encuentro con una mujer que rebosa de ardiente pasión. El cabello liso que lleva recogido detrás de las orejas se ha soltado y enmarca su rostro. Las mejillas están teñidas de un rosa intenso y su pecho sube y baja profundamente. Y esos ojos… ahora siguen siendo oscuros como el pecado, pero juro que puedo ver llamas bailando en ellos. Es magnífica, y me hace preguntarme qué más esconde bajo esa pequeña coraza de santa que lleva. Y por alguna extraña razón, me gusta el hech

