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Diario de Nueva York
20/01/2010
Respuesta de un millonario al anuncio de Sara Montero
Señorita, Montero:
Su propuesta ha estado rondando por mí cabeza. Tuve tiempo para reflexionar y meditar en el asunto. Me tomé un tiempo para realizar el siguiente análisis; usted sin duda es una mujer hermosa, y dado de que lo que está ofreciendo es su belleza. Ya que no menciona nada más. No sé si sea algo rentable, a no ser que la patrocine como modelo o en otra área en la que se le pueda sacar provecho a su belleza. Pero, como eso no es lo que usted quiere. Pensé en la inteligencia que dice tener, pero esto se deja para el caso de que esté buscando trabajo, para eso debió de irse a la sección de clasificados. Sin embargo, dado que esa tampoco es su proposición. Opté por la siguiente conclusión, desde el punto de vista como inversión; Soy un hombre que gana mucho más de quinientos mil dólares al año; un aspirante a marido, sin duda. No obstante, usted sería un activo del cual no tendría ganancias por mucho tiempo ¿Por qué invertir en un negocio que no me dará beneficios? Si lo pienso mejor, como activo, me sería más útil si no sólo yo fue quien tuviera acceso a el. Perdóneme por decir esto, pero soy un empresario y siempre tratamos de ver por dónde me dará más dinero un negocio cuando se nos ofrece la oportunidad de invertir, o vemos algo que tiene potencial. La empresa de mí familia se dedica exactamente a eso, en invertir e invertir.
Vuelvo y repito, lo que usted ofrece es su belleza, así que, no se ofenda. Tal vez, su compañera en el gimnasio tuvo suerte en conseguir a un millonario o quizás ellos se enamoraron. Ya sabe, ese sentimiento bello y raro que sólo les suceden a pocos. Sin salirnos del tema; su belleza. Señorita Montero, no es duradera, en algunos años esta puede desaparecer, se irá como todo, es algo que a largo plazo; por ley de la naturaleza tiene que pasar, pero mí fortuna seguirá creciendo. Y una de las opciones que buscan las mujeres, y a veces hombres para verse más joven son las cirugías plásticas, en lo cual tendría entonces yo, que también invertir dinero. Para eso mejor me busco a alguien más joven dado la situación, y me ahorro el pagar cirugías.
¿Quién me dará garantía de que mí inversión en usted como producto valga la pena? ¿Sabiendo que, este perderá utilidad según vayan pasando los años? Su propuesta, no es un buen negocio. No obstante, yo le tengo una recontra oferta, pues no se debe de desperdiciar una propuesta cuando se pone en juego. En lugar de tomarla como esposa, me gustaría alquilar su belleza durante el laxo de tiempo que esta dure, ambos ganaríamos. Usted tendría a un hombre que gane más de quinientos mil dólares, y yo obtendría su belleza hasta que desaparezca. No sé si le parezca bien. De todos modos, aquí estaré si decide aceptar mi propuesta.
—Mikhail Walton. Vicepresidente de Empresas innovation Wolton.
*Correo enviado y publicado en el diario.
Nuevamente en el mismo café ubicado en una importante zona de New York. Zoé Löcher, soltó una carcajada tan fuerte que todos en el café la quedaron viendo como si estuviera loca. Aquello no podía ser verdad ¿Qué estaba sucediendo en el mundo? Se preguntó divertida. Definitivamente vivía en un mundo de locos, el verdadero manicomio estaba fuera, no dentro de paredes de un hospital psiquiátrico.
— ¿Y ahora a ti que te pasa? — preguntó Alicia con los dientes apretados, ya era la segunda vez que la hacía pasar pena.
Pero Zoé no dejaba de reír. No podía, lo que había leído era algo insólito y gracioso. De verdad que el mundo iba de mal en peor.
Alicia les arrebató el periódico como la última vez, y empezó a leer.
— ¡Dios mío, Zoé! — exclamó Alicia — ¡No puedo creerlo!
— Lo sé — tomó aire, tratando de calmarse —, es algo tan...
— ¡Genial! — chillo excitado la morena.
—¡¿Que?! Claro que no — replicó restándole importancia.
—Sí, mira, el tipo le respondió y está dispuesto a ser su marido — le señaló la página del periódico.
— Claro que no, idiota. No ves que el simplemente la quiere como a una mujerzuela...
— ¡Zoé! — la increpó lanzándole una mirada de advertencia —. Esto es una señal, si ella consiguió a un marido millonario ¿Por qué nosotras no?
La susodicha la miro como si fuera obvio, esta mujer del anuncio gritaba a leguas ¡Casa fortunas! Y ni siquiera trataba de disimularlo. La tal Sara, aunque era un poco más bonita que Zoé, esta no le dio mucha importancia.
Zoé era del tipo de mujer que le gustaba ir un poco más de estilo empresarial, con cabello rubio que siempre lo llevaba cortado a la altura de la barbilla, y piel pálida, era considerada alta con sus 1.72 cm, delgada, bendecida con una copa 36C, gracias a Dios. Y lo mejor era que le dio arriba, y no le quito a bajo, no tenía mucha nalga, pero tenía lo aceptable. Poseía unos ojos verdes en un rostro ovalado y nariz perfilada, pero lo que más amaba de ella misma eran sus labios rellenitos y carnosos, era linda, lo sabía. No toda una super diosa, pero de todos modos guapa. Aunque ese no era el caso. Eso no le importaba ¿Qué iba a hacer con una belleza si iba a tener el cerebro de pájaro? Mejor la inteligencia que la belleza, la inteligencia te daba dinero que te pongas bella. Pero mejor era siempre, quedarse al natural.
— ¡Vamos Zoé! Somos hermosas — Alicia se apartó el cabello n***o hacía atrás en un gesto sumamente sexy.
— Querrás decir tú —aclaró —. A mí — se señaló con un dedo —, no me metas en tus vagabunditas — tomó su café y se lo llevó a los labios dando un sorbo.
Alicia era una belleza latina, tenía todo. Unos ojos oscuros y grandes con pestañas alargadas, rostro en forma de corazón, cejas perfectas, que ni siquiera necesitaban ser depiladas. Tenía curvas por todos lados, no era tan delgada. Sin embargo, lo que tenía llamaba y mucho. Era esa clase de rarezas que comían y comían, pero no engordaban. Ni hablar de su cabellera larga. Alicia realmente se podía confundir con Pocahontas.
La morena, no entendía porque Zoé siempre trataba de pasar desapercibida, aunque su estilo profesional le favorecía, su amiga nunca quería llamar la atención, lo cual era triste, ella era realmente hermosa. La idea del anuncio le parecía interesante, era la oportunidad que Zoé y ella habían estado esperando, pero esta no se notaba tan motivada.
— ¿Sabes? — empezó a decir Zoé mirando otra vez por la ventana— Estoy pensando en darle un consejo a esa chica Sara —, aunque parecía ida, su mente iba a la velocidad del rayo. Trabajando como una máquina que no paraba.
— ¿La del anuncio? — preguntó sin entender del todo —, pero tú no tienes un marido millonario — concluyó.
—Lo sé, pero si tengo mis dotes como estratega, conocimiento en comercio, publicitaria y asesora en finanzas. Tengo títulos, ¿sabes?
— Comentó como si nada.
— No hagas ninguna estupidez — advirtió señalándola con un dedo.
Ella no respondió, en su mente se estaba formando un plan, quizás se arrepentiría después, pero sentía la necesidad de salir en defensa. Miró nuevamente por la venta del café que ambas visitaban todos los días antes de empezar a trabajar, su pequeña oficina queda al otro lado de la calle, un negocio que empezó con esfuerzos y mucho trabajo hasta logar lo que eran hoy. Fue un sueño que empezó hace seis años, cuando apenas era una graduada de la universidad, pasar por la universidad también fue una odisea. Y antes de eso fue el verdadero infierno. Negando con la cabeza, empezó a apartar esos malos recuerdos que sólo logran opacarle el día. Había momentos en lo que sentía que su pasado volvería.
Luego de unos minutos ambas se pusieron de pie y salieron de la cafetería, en el camino no muy largo, Alicia empezó nuevamente con su parafernalia del hombre millonario. Ya la tenía con el tema. Metió sus manos en el abrigo rapé que llevaba y miro a ambos lados de la calle, era un hábito que nunca se le iba a quitar. Al llegar a la entrada del local, ya había un cliente esperándolas. Richard Williams, las miró con una sonrisa socarrona.
— Cuanta belleza en Nueva York — halago.
— Aquí y donde quiera que vayamos — respondió Zoé alzando una ceja. Richard sonrió mostrando sus dos hoyuelos —. No teníamos cita para hoy.
— No, pero necesito tu ayuda en algo imprevisto que sucedió. Creo que mí patrimonio se agrando — dijo sin ganas.
— ¿Y eso te decepciona? — se mofó Alicia —, yo estaría saltando en un pie.
— Pues... es que pueda que este dinero llegue con un maldición de por medio —comentó pasándose una mano por su cabello largo.
— Bien, vayamos adentro y revisemos — procedió a abrir la puerta.
— ¿Y tú secretaria? — preguntó curioso.
— Tuvo una emergencia —respondió Alicia pasando por su lado —,y nuestra practicante llega en la tarde. Digo. Por si también te interesa.
Zoé le miró desaprobando su actitud. Lo curioso era que Alicia quien quería un marido millonario no se fijara en Richard. Pero bueno, No era que el pareciera uno, cuando se lo proponía parecía una persona normal con su estilo motociclero. La primera vez que lo vio en Nueva York, a Zoé casi le da algo, es tuvo a punto de irse de la ciudad e incluso del país, dejando todo atrás, pero Richard la sorprendió ofreciéndole su apoyo y ayuda, al principio lo dudó, pero hasta el día de hoy no la había traicionado. Y ahora ella era su asesora financiera, aunque el tuviera unos cuantos ya, sólo lo más importante lo traía a ella.
— ¿Quién me ofrecerá café? — comentó tomando asiento en uno de los muebles de la recepción.
— Ali...por favor.
Alicia entrecerró los ojos.
— Bien — exclamó —. Y por cierto... ¿Cómo esta Katherina? —le preguntó directamente a Richard. Este le devolvió la mirada mientras se acomodaba.
— Vaya... señorita Gómez, es usted muy profesional.
— Ya, basta los dos ¿Cuándo van a madurar? — Los regañó. Luego se dirigió a Alicia—Recuerda que eres una profesional, esta es una oficina y él es nuestro cliente.
Alicia asintió, aceptando su pasada de mano. Inclino la cabeza pidiendo disculpas y fue en busca del café. Zoé suspiró, colocándose las manos en la cadera, le hizo señas para que Richard la siguiera a su despacho. Ya adentro, ambos fueron directo a los negocios.
En otra parte de la ciudad en una junta de accionistas donde dos empresas pensaban unirse en un plan de negocio, había una disputa sobre la nueva revolución que había en los medios de comunicación y el causante estaba justamente delante de todos y con cara de no haber matado ni una mosca. Mikhail, ni siquiera se defendió simplemente dijo que todo al final tendría un buen resultado, los socios pensaban que esto le daría una mala imagen a la empresa. La empresa de Roger Millony se uniría a innovation wolton en un nuevo proyecto. Sin embargo, el acuerdo aún no se había firmado.
— ¿Qué idiotez pensabas cuando respondiste eso? — reprochó Roger con cara de pocos amigo estando en el despacho de Mikhail.
— Sólo me gustó la chica ¿Es malo querer tener una aventura?— se defendió para nada intimidado por el supuesto enojo de su amigo.
— Un ramo de flores y una llave de hotel hubiese bastado —comentó divertido.
Roger, al reír causaba que las ondas onduladas de su cabello n***o se movieron por una fracción de segundos. No era muy largo, pero los suficiente para que este se moviera con cualquier movimiento. Él era un hombre entrado en sus treinta y más, algo que muy pocos creían, el hombre se conservaba mejor que cualquier joven. Su hábito alimenticio era sano al igual que sus rutinas en el gimnasio, más de una había babeado por aquél sujeto y su piel bronceada y es que no era para menos esa mandíbula cuadrada definida con una barba bien cortada, ojos color avellana.
Físicamente, era diferente a Mikhail, un castaño que se afeitaba muy bien su barba lleva el pelo en un corte de cabello de la forma cónica, lo normal para él era llevarlo a un lado y listo. Sus ojos agua marina te escudriñaban sin que te dieras cuanta, sus cejas pobladas y su nariz perfectamente delineada le daban a su rostro cuadrado una sensación más masculina en un hombre que está acostumbrado a entrar en algún lugar y detener el corazón de las mujeres. Y cuando sonreía sus labios rosados sólo te hacían pensar en besarlo, ah, pero cuando abría la boca ya estabas más que pérdida. Era un libro de poesías y atrapa chicas andantes. Era todo un depredador al igual que Roger, quizás esto último era lo que más tenían en común.
— La tipa esta buena, pero para esposa no — aclaró Mikhail luego de unos segundos.
Él pensó que la respuesta que le había enviado a Sara Montero, quizás tendría los resultados deseados o tal vez no, el jamás actúa sin analizar la situación, primero había que ver las ventajas y desventajas, las consecuencias que podría causarles a otros y sobre todo, si será un buen negocio, tal vez algunas mujeres lo vean como algo beneficioso para Sara, en realidad Sara jugaba un papel secundario en su plan, a diferencia de lo que los demás pensaban de él, Mikhail a sus treinta y cuatro años, ya se estaba cansando de andar en cama en cama y de estar todo el tiempo trabajando, quería experiencias nuevas. Y quizás lo que estaba haciendo era una locura.
— ¿Qué estás pensando? — curioseo Roger, sentándose en una delas sillas vacías en la oficina de su amigo —. Digo, cada vez que haces algo es porque tienes algo en mente.
— Que bien me conoces — sonrió recostándose en su silla.
— ¿Y? — se impacientó —, ¿no me lo vas a decir o qué? Soy tu mejor amigo, no puedes ocultarme nada — se quejó tratando de sacarle información—. Deberías enviarle una nota o algo a esa chica, esto podía salir mal, ahórrate tener a una loca que sólo quiere tu dinero — le aconsejó.
— Si quieres...no, pensándolo bien, no
— Estas quedando loco ¿tanto te aburre tu forma de vida.
— Touche.
—Ojalá y no me arrastres a tu desastre que es lo que realmente será, espero que tu pequeña aventura de recreo no te de la sorpresa de la vida— advirtió Roger.
— Deja de echarme mala suerte, se supone que los amigos se apoyan no se dan sermones— se quejo Mikhial inclinándose en el escritorio.
—Es la costumbre — repuso Roger —, tiene que existir alguien menos tóxico en la relación.
Ambos rieron.