Aquellas palabras fueron suficientes para despertar a los presentes en aquella reunión. — ¿Tú también estas aquí…? — Yaque abrió los ojos estupefacta al ver al que pudo haber sido su suegro, de su espalda saca un hermoso arco rojo y se pone en guardia, soltando la mano de Liz. — Podemos hablar más tarde, ya vienen por nosotros. — habla el hombre con seriedad. — Puedes correr, ¿no? Nuestras vidas dependen de ello ahora. Matt asiente. El Cobe mayor voltea hacia la entrada del castillo, sabiendo que no hay más tiempo de hablar. Y para rectificar eso un extraño sonido sacude el lugar… Era un rugido de furia. Sentía que ya habían escuchado ese rugido antes. Ese sonido era la muestra de los problemas que se avecinaban. Es como una sentencia de muerte sobre unos fugitivos, dictada por u

