Las semanas seguían pasando y Tony estaba llegando a los últimos días del embarazo. En la última revisión, la doctora Palmer había dicho que faltaban dos semanas para el nacimiento, por lo que todo su equipo se mostraba emocionado y ansioso por conocer al bebé.
Un día, Bruce, propuso ir a dar una vuelta a la playa aprovechando que ya no había peligros rodeándolos, y así, Tony podría disfrutar del soleado día. Todos subieron al Quinjet que Nat seguía tomando prestado de Shield y se dirigieron a una playa deshabitada donde todos presumieron sus esculturales cuerpos mientras Tony se sentía gordo y deforme. La sensación se le quitó casi de inmediato cuando al descubrir su gran vientre todos sonrieron. Se bañaron todos juntos en el mar por un rato hasta que Tony sintió que el peso de su bebé ya no le permitía estar parado por mucho más tiempo. Tomó la mano de Steve y se alejaron un poco del mar para sentarse y disfrutar del sol. Poco a poco sus amigos también se sentaron a su lado para rodearlos.
—Esto es tan extraño —insistía Clint quien parecía ser el único que no reaccionaba como los demás ante el embarazo de Tony, pues hasta Thor lucía un poco adormecido—. Parece como si estuviéramos sincronizados para proteger a Tony, somos algo así como una manada, ¿saben?
El murmullo de todos comenzó a sonar debatiendo el tema. Sin embargo, Tony solo quería estar recargado en el hombro desnudo de su alfa acariciando su vientre y disfrutando del suave sonido del mar.
— ¿Cómo te sientes? —Susurró Steve besando su cabello.
—Feliz, libre… y un poco cansado. Tener a esta manada tan cerca es agotador —respondió sonriente y levantó la cara esperando un beso de su alfa, aunque este solo se le quedó viendo con esos hermosos ojos azules dilatados.
—Quisiera que te quedaras embarazado toda la vida —murmuró él—, te ves hermoso. Tan frágil y poderoso a la vez, puedo ver todas tus facetas al mismo tiempo y es fantástico.
Tony se enderezó un poco para golpear el hombro de su alfa.
— ¡Claro! Como tú no tuviste todos esos locos antojos, las crisis de ansiedad, los mareos y el dolor de espalda. Tu hijo pesa, ¿sabes? —Recriminó intentando sonar enojado, aunque no podía ocultar la gran sonrisa de saber que, a pesar de que él se sentía gordo, Steve seguía viéndolo con amor como siempre había sido.
—Si mis cuidados no fueron los suficientes durante el embarazo, prometo que en el siguiente seré mejor —prometió el alfa inclinándose para besarlo, pero lo detuvo poniendo un dedo sobre esos carnosos labios.
— ¿Cómo que el siguiente? —Preguntó con falsa indignación— ¿De verdad quieres más hijos?
—Me gustaría formar mi pequeño equipo de mini vengadores —dijo Steve con una gran sonrisa atrayéndolo por la cintura… o al menos de lo que quedaba de ella y besó su marca con cuidado.
—Eso ya lo veremos —farfulló sintiendo el aplastante peso de su vientre.
Los últimos días habían sido muy cansados y a pesar de que su alfa prácticamente lo cargaba a todos lados, ya no podía más con el peso del bebé.
Steve recorrió su cuello y depositó los labios sobre los suyos dándole un beso suave lleno de adoración. Estaba tan concentrado en el beso que cuando un rayo de dolor le atravesó el cuerpo, lo empujó un poco para emitir un jadeo adolorido.
— ¿Qué sucede? —Preguntó Steve atrayéndolo más cerca recorriendo su preocupada mirada sobre su cuerpo.
—Nada —respondió cuando el dolor desapareció—, solo un pequeño malestar —volteó a ver a sus amigos quienes lo observaban de una forma muy parecida a la de Steve—, estoy bien.
Los chicos regresaron a su conversación acerca de la nueva manada, solo Nat no despegaba su insistente mirada de él. La vio levantarse, sentarse a su lado y acariciar su vientre.
— ¿Seguro de que estás bien? —Susurró ella presionando su vientre de una forma un poco dolorosa— Se siente duro.
Sintió un movimiento muy cerca de su trasero, así que volteó a ver a Steve quien palpaba la arena.
—La arena está mojada —dijo el alfa en voz baja.
Solo en ese momento se percató de sus pantalones cortos húmedos. Otro destello doloroso lo atravesó y esta vez no fue capaz de reprimir un grito adolorido.
—Tony se te rompió la fuente, el bebé ya va a nacer —explicó Nat poniéndose de pie a toda prisa para salir corriendo en dirección al Quinjet.
—No lo noté, realmente estaba disfrutando tanto de este momento —jadeó aferrándose a Steve quien lo tomó en brazos y lo levantó con cuidado.
De inmediato todos se pusieron de pie y en cuanto la nave se acercó, les ayudaron a subir. Nat condujo de regreso a la torre lo más rápido que podía mientras Bruce intentaba comunicarse con la doctora Palmer, aunque las llamadas no entraban. Tony, por su parte, se mantenía en el regazo de Steve quejándose con cada contracción y arañando ese torso desnudo provocando que esa firme piel enrojeciera.
Podía escuchar a todos hablarle, la mayoría eran sugerencias para aminorar las molestias, pero no podía enfocar su atención a nadie. Lo único que podía hacer era cerrar los ojos con fuerza y aferrarse a su alfa.
*****
En cuanto la nave tocó la torre, Nat abrió el acceso y Steve salió corriendo de ella sin esperar a que aterrizara del todo. Necesitaba llegar a la camilla, recostar a su omega y poder desplegar sus feromonas para ayudarle a calmarse. En ningún momento pudo hacerlo en el Quinjet para no provocar a los demás alfas y ahora que entraba al pequeño quirófano adaptado para el nacimiento de su bebé, pudo desplegar su aroma consiguiendo que la respiración de Tony se normalizara un poco y la tensión de su cuerpo se disuadiera.
—Gracias —jadeó su omega estirando los brazos en su dirección.
Se acercó un poco y le ayudó a sentarse para abrazarlo y acariciar el abultado vientre con la intención de mantener de esa forma la calma hasta que llegara la doctora para asistir el parto. Por fuera de la habitación se escuchaba una conmoción, varias voces gritaban y después se escuchó un rugido gutural.
—Lo que me faltaba —jadeó Tony removiéndose en la camilla, parecía incómodo a pesar de estar un poco sedado con su aroma.
— ¡Doctora Palmer no contestar! —Rugió un muy furioso Hulk del otro lado— ¡Si no contestar, ir por ella!
Se escuchó el ruido de cristales romperse y las voces de los alfas gritando su nombre. Momentos después, el ruido desapareció junto con los motores del Quinjet. Thor no tardó en asomarse y se quedó en el umbral de la puerta viéndose un poco alertado por el potente aroma que desprendía.
—Hulk se encargará de traer a la doctora —anunció el asgardiano con una gran sonrisa—, aunque no está de más decirles que destruyó una parte considerable de los ventanales.
—Me importa una mierda lo que rompa —respondió jadeante Tony—, solo quiero que traigan a la doctora en este preciso momento.
Al parecer su aroma no era el suficiente para calmar los dolores de su pareja. Aspiró una cantidad considerable de aire y extendió con fuerza sus feromonas y el calor de su cuerpo hasta que le provocó un intenso dolor de cabeza y gruñidos involuntarios de dolor.
—No te esfuerces tanto —gimió Tony adolorido mirándolo con esos hermosos ojos llenos de lágrimas—, te necesito en tus cinco sentidos para cuando el momento llegue.
Steve retrajo un poco sus feromonas sintiendo el dolor de cabeza disminuir, aunque al ver a Tony angustiado y escuchar sus quejidos por las contracciones que eran cada vez más frecuentes, sintió que no estaba haciendo suficiente.
Los minutos pasaron y el ruido de cristales retumbó por todo el apartamento de nuevo, un par de inmensas manos verdes entraron a la habitación depositando a una pálida doctora Palmer en el piso.
—Por favor —jadeó Tony retorciéndose con más fuerza—, el bebé ya viene.
La doctora se levantó luciendo aturdida y juntos desvistieron al omega con cuidado. El parto fue muy lento, o al menos a Steve le pareció eterno al ver que Tony estaba sufriendo como nunca, deseaba poder sacar el bebé con sus manos para aminorar su dolor. Le sugirió a la doctora Palmer hacer una cesárea, pero ella se negó diciendo que el bebé se había acomodado bien, solo era cuestión de mantener la calma.
Steve sostuvo a su omega con fuerza guiándolo para respirar y pujar cuando era debido mientras la doctora le indicaba el momento adecuado para expulsar sus feromonas y ayudarle a Tony a sobrellevar un poco el dolor. Cuando por fin el bebé estuvo afuera y su llanto llenó la estancia, pudo sentir que Tony suspiraba aliviado.
— ¡Es un niño! —Anunció la doctora cortando el cordón umbilical, unos momentos después la vio girarse hacia una pequeña bañera para asear al bebé.
Tony emitió una suave risa con sus ojos llenos de lágrimas de felicidad. Steve solo deseaba conocer a su pequeño y besarlo.
La doctora parecía tener práctica con neonatos, pues no se tardó mucho en enjuagarlo y envolverlo en una mantita para entregárselos. Tony lo tomó en brazos y acarició la pequeña carita, Steve los contempló sintiéndose enfermo de amor por los dos hombres más importantes de su vida mientras la doctora cubría las piernas de Tony con una manta.
—Peter —susurró Tony besando una sonrosada mejilla—, tu nombre será Peter.
Su omega volteó a verlo con esa mirada dilatada que tanto amaba y asintió. El nombre le quedaba muy bien a su pequeño de cabello castaño.
El barullo concentrado en la puerta los hizo voltear a ambos, no se habían dado cuenta en qué momento el lugar se vació de su aroma alfa ni cuándo sus amigos se habían asomado para verlos. Todos lucían emocionados y ansiosos por conocer al nuevo m*****o de la familia. Steve les hizo una seña para que se acercaran y los alfas entraron rodeándolos. Todos contemplaron al pequeño en silencio, Peter, quien hacía suaves ruidos y se removía en brazos de Tony.
—Bebé —gimoteó Hulk desde la entrada.
—No puedes cargarlo todavía —mencionó Nat acercándose a su omega—, si prometes no tocarlo, puedes acercarte a conocerlo.
—No —murmuró Hulk viendo con tristeza a Tony—, no querer lastimar a omega y a su bebé.
—Entonces dale oportunidad a Bruce para conocerlo.
Hulk hizo una pequeña rabieta para después sentarse enfadado en el piso y comenzar a cambiar. Nat le extendió una bata a su omega y momentos después, entró Bruce con una sonrisa algo avergonzada.
—Ven a conocer a tu sobrino —dijo Tony emocionado.
El pequeño científico se acercó y miró enternecido al nuevo m*****o de la familia.
—Será un gran vengador —susurró Bruce acariciando la mejilla del pequeño Peter.
—Lo será —confirmó Steve mirando con orgullo a su pequeño.
Ese bebé tenía todo para ser un gran vengador, lo más importante, una familia que lo amaba con todo el corazón y dispuesta a protegerlo por siempre.